Juvenal os saluta, oh pueblo piedralteño custodiado por alumnos de Ferro y apajarado por el #equipoenciso. Salve.

Al presentar el comienzo de obras de remodelación en el 10 DE JULIO, el valiente ingeniero López hizo alusión a la “remodelación” de la Plaza Nueva.

Se necesita ser VALIENTE para presentar algo que se está comenzando, con algo que se culminó ridículamente horrible, groseramente mal. ¿O caradura?

Porque si hay altardelapatrialteños que recuerdan lo que fue la Plaza Artigas y ahora la ven como la ha dejado la gestión Enciso, combinada con la obra del blanco Cacho, y la desidia intermedia, estarán en estertores de desesperación por la debacle que se le puede venir al entrañable 10 de Julio.

¡Porque el asesinato premeditado y alevoso que ha sufrido la Plaza del Prócer es lastimoso, sublevante, desgraciado!

La Plaza Artigas es un combo horripilante de pavimento agresivo, mal gusto agresivo, descuido agresivo y oscuridad agresiva. La gestión Cacho, combinada con la pajarera, y la desidia de los gobiernos intermedios, la han destruido.

El pie del basamento del monumento, aún muestra cómo el césped prolijo lo supo rodear en un círculo tan desaparecido como añorado por quienes lo conocieron. Ahí está el hueco que no lo deja mentir a Juvenal. La gente de Brescia quería rodear al monumento con una especie de “tablado eterno”. Pero no de tablas, sino de hormigón . En las mentes afiebradas de otra Intendencia blanca, en esa superficie elevada se iba a ubicar los abanderados en los actos. Por fortuna, el tablado de hormigón cosechó un NO rotundo de los vecinos organizados. Pero desapareció el círculo de césped otrora tan prolijo y cuidado, y ese pedregullo que tantos magullones ha causado, avanzó hasta la base del fuste del monumento. Y dejó al mismo como con pantalones por el tobillo. Payasesco. Hace décadas que el monumento tiene pantalones al estilo Pepitito Marrone.

Los canteros fueron rodeados por muretes que viven despintados y sucios.

Desaparecieron las piedritas pardas que los rodeaban, para dejar lugar a una franja de negro bitumen hoy todo rajado, partido.

Los árboles más hermosos enfermaron y no fueron tratados.

Por supuesto, las plantaciones de pensamientos que antes os solazaban, nunca más se vieron.

La Plaza Artigas fue el primer espacio público que tuvo luminarias “a mercurio”. Hoy, ha sucumbido ante la ilusión magnética pajarera. Pero los reflectores dirigidos a la imagen de Artigas, son de tecnología led. Reconocimiento implícito de la mala opción tomada por la “gestión Enciso”, al inclinarse por la tecnología caduca cara y mala de la induccción magnética. La inducción magnética que iba a dar mano de obra a los floridenses, y os terminó endeudándoos por vaya a saber cuánto tiempo. Seguramente en dólares… brrrr…

La pintura roja que afeó definitivamente al Prado, también manchó la hermosa y elegante distinción que otrora supo identificar a la plaza del 10 de Julio.

Los horrorosos macetones gigantes, desperdigados a la buena de Dios, sirven para juntar inmundicia debajo de ellos.

Un quiosco devino en campamento de gitanos, y el otro en decadente prisma despintado. Claro… si no se hace nada con los quioscos del monumento histórico que es la Plaza Asamblea, perdamos la esperanza que con estos sí…

Ni hablemos del carro de chorizos que ha ido creciendo sin ton ni son. Como todo, sin control. Pero si sigue tan campante el de Fernández y Rodó, perdamos la esperanza con éste. Por lo menos, el carro choricesco de la plaza no obstaculiza una esquina tremendamente peligrosa, a media cuadra de una escuela con cientos de alumnos. Nos preguntamos para qué tienen ruedas estos traillers de envenenar con colesterol, y de ensuciar con grasa, náilon y humos varios. Los cachivaches se acumulan por décadas debajo de los carros choriceros. Todo contribuye a “hermosear” el espacio público del pueblo espiado y apajarado. Increíblemente, el carro de Rodó y Fernández ha logrado colonizar no sólo el acceso a la Inspección del CEIP, sino que se da el lujo de poner sombrillas en sus propios balcones. Cosas de la pajarera.

Pero el colmo de la “remodelación” de la Plaza Artigas, es la vergonzosa disposición de los senderos para ciegos. Juvenal ya os advirtió sobre esta locura, pero parece que el pueblo apajarado va a aceptar que esta obra se inaugure en este estado.

Juvenal os vuelve a intentar desempajarar: las líneas paralelas significan “siga adelante, camino despejado”, y los botones dan a entender que “se avecina un obstáculo o un peligro”. Quienes pavimentaron, decoraron a su gusto, sin ton ni son.

Verdaderamente vergonzoso, asqueante. Síntomas de un gobierno cuya única brújula parece ser vender humo.

Shhhh… esperemos que no se les ocurra rebautizar a la Artigas, como “plaza Párraga”.  Aunque, dado el vergonzoso estado a que la ha reducido Enciso, quizás la plaza nueva debería cambiar de nombre, y recibir uno acorde con su grotesco estado actual…


Los baldosones amarillos, de “puede continuar” , terminan abruptamente en un sendero que parece que estuviese “prohibido”.

Los macetones horriblemente pintados de rojo, podrán ser atropellados por los ciegos.

Un documento que los curiosos pueden googlear. Afortunadamente, hay gente que piensa y pone en evidencia a los burros.

Una hermosa plaza asesinada. Brescia lo inició y Enciso lo culminó.