Juvenal rememoró el merecido homenaje que, en la NOCHE DE LOS MUSEOS, la IDF le efectuara al inolvidable pedalista Dardo Sánchez. Fue una oportunidad en que el Museo tuvo vida y estuvo concurrido. Casi siempre está muerto 💀 y vacío. De gente y de contenidos atrayentes. Como que el local le queda grande.

Juvenal rememoró porque leyó el comentario de este otro Dardo.

A éste último, Juvenal le desea que pueda acostumbrarse a digerir comentarios indigestos. Se le terminó el recreo opositor, y llega la hora de la verdad gubernamental. Juvenal se pone en su lugar y lo comprende. Pobre Dardo. No ha de ser fácil comprobar el urgido proceso que está llevando el gobierno que votó, por una senda de vergonzoso strip tease (estrip tis). Van cayendo rápidamente las vestiduras falsas. Eso duele. Abrazo, Dardo.

Juvenal da por descontado que “Dardo” no es “Dardo Sánchez”.

Con los 🎯 dardos todos juegan. Tienen un clavo en la testa, y plumas en la colita. Parecen pájaros 🐦 rígidos, no cantan, no empollan, su vuelo es por empuje externo, corto y sin elegancia alguna. Van donde los mandan. Son bien mandados. A veces dan en su blanco. Otras veces, terminan tirados, perdidos. Sin punta. O sin 🥬 cola. Sólo los usan para clavarlos. Los blancos no son nada sin ellos. Las dianas, claro. ¿De qué sirve un blanco sin dardos? Pa nada… 🎯 🎯 🎯