OPINION: Edgar Machado Costa

Entre la incredulidad y la vergüenza, la indignación y el asco terminamos hoy por la mañana después de leer a través de internet una de esas noticias «increíbles».-

En una página dedicada la»noticias curiosas» se publicó que » un opulento hotel de Abu Dhabi, en los Emiratos Arabes Unidos, instaló un enorme árbol de Navidad a un costo de 11 MILLONES DE DÓLARES.

Leyó bien no se preocupe, 11 millones de dólares. La noticia continua diciendo que el árbol, de 13 metros, está engalanado con 131 ornamentos de oro y piedras preciosas como diamantes y zafiros.

Estos árabes muy democráticos ellos, dicho sea de paso, decidieron engalanar su hotel colocando un «arbolito» decorado  con el oro, los diamantes y los zafiros que les andan sobrando, de puro coquetos que son.

La idea es que el cliente ni bien llegue vaya «entrando en clima» y aprontando la chequera porque no quiero imaginar cuanto costará hospedarse una noche en ese «hotelucho».

Esta no es otra cosa más que una nueva demostración, de las que hay miles, de las vergüenzas de este mundo.  Uno no quiere hacer «discurso fácil» pero alguien se puso a pensar cuantos millones de niños comerían con lo que cuestan las «chucherías de ese arbolito».

O saquemoslo de la comida y ahora que se vienen las fiestas preguntarnos cuantas decenas de millones de niños que no van a recibir nada podrían tener su regalo en ésta navidad.

Pero aunque ustedes no lo crean lo que más me asombró de la noticia fue cuando dice que «el hotel tiene su propio embarcadero, un helipuerto y una máquina expendedora de barras de oro».

UNA MÁQUINA EXPENDEDORA DE BARRAS DE ORO,  se imaginan ustedes parados frente a una máquina metiendo dedo para sacar barras de oro y preguntarle al compañero/a ¿con cuanto oro pensás que nos arreglaremos ésta semana?.

Ésta maquina que expende oro seguramente es la que contrarresta los efectos de la otra, la que expende hambre, miseria, guerras, destrucción. Lástima que a aquella la pueden usar unos poquitos.

Ya se que se están riendo de mi, pero hay cosas que en mi cuadrada cabeza no entran. Tanto hambre y miseria para cientos de millones, tanto oro y riquezas para unos poquitos son las contradicciones de este mundo que aparecen a cada rato y que a ésta altura de la evolución del hombre son inconcebibles.