Servando Mariezcurrena parece apacible bajo uno de los pocos árboles
que lo protege de un sol bochornoso y cuarenta grados.
Es la tranquilidad del desesperado a 92 kilómetros al noroeste en el
“medio” del departamento de Florida en donde el agua para beber se
terminó.
“Pensamos que usted la traía”, dice a FloridAdiariO entre broma y seriedad.
Y es que Mariezcurrena a sus 53 años fue despedazado “hace tan poco”
cuando 48 animales murieron ante su impotencia y la única agua que vio
fue la de sus ojos en el 2009.
“Yo salía a llorar por los campos. Lo mío lo perdí todo y pasé a
arrendar. Hacer un pozo para salvar el agua cuesta el dinero que no
tengo -entre 3000 y 4000 dólares – y acá estoy esperando”.
Las zonas de Molles de Timote, Colonia Francia, Las Chilcas y hasta
Capilla del Sauce, comenzaron a evidenciar los primeros problemas:
falta de agua para consumo –pozos, aljibes y hasta cañadas secas de
donde se sacaba el líquido – y también para el ganado que, “si bien
mantiene peso mucho no le queda y si esto sigue puede llegar a morirse
alguno”, dice en el lugar Juan Carlos Dellapiazza, “vecino” de Molles.
“Y en éste momento cada vez se empareja más para abajo. Está bien
complicado. Yo tenía pasto hasta fin de año, hoy tengo pasto seco y
las cañadas naturales se están yendo de apuro. Los ganados empezaron a
sentir, y los celos brillan por su ausencia”, explica Pablo Perdomo
otro de los productores del lugar.
Heber Alanís (42) “anda campo afuera buscando agua”, dicen en su
pequeño establecimiento familiar como otros 29 que hay en la zona. En
la casa de Alanís hay varios tanques azules.
“Todavía se trae agua de la cañada pero hasta cuando dará no se sabe,
sino tendrá que hacer 11 kilómetros por caminos espantosos donde aún
manda la piedra”, explican.
Pero en Molles hay un tajamar de un millón de litros, 4.5 metros de
profundidad, 100 metros de ancho y 200 de largo, que rompe todos los
esquemas.
Juan Carlos Dellapiazza (59) “la sufrió” y no dudó. El entonces
ministro Ernesto Agazzi llegó hasta su predio en 2009. El productor
había vendido todo: “perdí casi 200 hectáreas y 120 animales de 30
años de trabajo y generación”.
“No me explico como ha podido sobrevivir”, le dijo Agazzi entonces a
él y 26 familias. “Juéguese ministro que este país sigue dando gente
corajuda”, le contestó el productor a quien había desestimado la
sequía entonces.
Dellapiazza se plegó al programa Proyecto Producción Responsable (PPR)
y “se la jugó”, reconoce.
“Cuando resolví hacerlo desplazamos el resto de nuestras exigencias
por conseguir el tajamar. Tuve que poner 1400 dólares, el resto de los
7000 que salió lo puso el gobierno.
Capaz que otro no lo hizo, pero hoy es mí tranquilidad y ahora se que
valió la pena, sino estaría pidiendo agua como mis vecinos”.
El productor aclaró a FloridAdiariO “que no la sabe todas”.
“Es que la pasada seca no tuve agua y con eso me alcanzó porque es
algo que no he superado”.
Según Dellapiazza que hasta este domingo es el presidente del grupo de fomento de Molles, ahora tiene “agua para cualquier sequía”.
“Tengo tranquilidad, hay un colchón que nos amortigua y ojala que todo
termine con esta tormenta”.
COMITÉ DE URGENCIA. Este martes fue citado el Comité Departamental de
Emergencia. Desde el Centro de Coordinación Departamental (CECOED) se aseguró que las familias del campo están preocupadas.
“La gente no lo dice pero acá llegan desesperados. Piden agua y la
comuna lo asiste en un esfuerzo conjunto con el Batallón de Ingenieros
y Ose, llevando tanques de 2600 litros”, explicó Cono Arrúa,
funcionario a cargo de la oficina.
Las autoridades estiman que hay más de treinta familias afectadas por
la situación en general y la cifra podría aumentar si no hay lluvias.