Por Edward Piñon (Ovación digital)
Con guapeza, fútbol, habilidad, muchísima suerte en momentos cumbres, y una actitud sobresaliente Miramar Misiones demostró que en el césped puede pasar cualquier cosa y que no hay nada de antemano que diga que el favorito o súper candidato tiene todo asegurado.
Fue un campanazo histórico, porque los cebritas jamás habían logrado un marcador tan abultado ante Peñarol. Fue un golpe fuerte, durísimo, para el sueño aurinegro de empezar a ver otro equipo arrollador de principio a fin.
Y lo interesante de todo es que el equipo de Carlos Laje se plantó en la cancha con ese objetivo. En lugar de apelar al cuidado excesivo del ataque aurinegro buscó ser el agresor y no el agredido. Lejos de encerrarse en su retaguardia, montando un esquema con tres hombres de ataque el elenco cebrita se le fue a las barbas a Peñarol. Y lo hizo tan bien que en el primer tiempo se lució como dueño del espectáculo y de los intentos ofensivos.
Tuvo el golazo de Sebastián Fernández y alguna que otra ocasión más que favorable, mientras que el conjunto de Aguirre procuró sacar rédito del corpulento Juan Manuel Olivera en base a centros, casi siempre mal ejecutados.
Hay que precisar con claridad que el partido cambió en la segunda mitad, porque Peñarol fue muchísimo más ordenado en sus proyecciones, porque a Miramar le costó más cerrar los caminos a Gonzalo Noguera y el destino (léase fortuna) jugó a su favor en varias oportunidades.
El gol estuvo rondando sobre el arco de Miramar Misiones, pero la pelota no entró. Y justo cuando la amenaza era mayor, Andrés Rodríguez se metió muy bien en el área para liquidar a Sebastián Sosa con un zurdazo inatajable.
Por si fuera poco, tras ese 2-0 que congeló a medio país, apareció otra jugada de la galera y otra soberbia definición. Diego Fernández de derecha metió la pelota en el ángulo y se terminó todo.
Parecía, obviamente para el hincha de Peñarol, un cuento de terror. Una noche de tormento y tortura. Justo el día del regreso oficial una cebra se convirtió en león y dio flor de mordida.