Por: Alexis Trucido
Tres golpes de un pique de madera destrozaron el cráneo de «el viejo Marrero». Así conocían «en el barrio» y en muchos otros lugares, a un hombre de 56 años, que aparentaba al menos diez más, y que se sabía era de ostentar su dinero, no confiar en lo bancos y estar dispuesto a perdonar, y preferir que le pidiesen antes que robarle.
Un joven de 22 años, y un menor de 15 tuvieron en cuenta estos detalles. «Lo conocían bien», tal como había adelantado un allegado a la víctima a FloridAdiariO.
Así lo planearon. El conocimiento les daba ventaja. Tal así era, que les bastó juntarse cerca de la casa de Marrero e ir a pie, a robarlo. Y después, matarlo, aunque ello no estuviese en la lista de los hechos.
Los jóvenes iban al colchón. Allí estaba el dinero. Monto más o menos, la plata estaría en miles para quien el dinero fácil nunca es poco.
El joven mayor, incluso al ser interrogado, negó no tener más que una moneda, pero en otro bolsillo poseía unos 28 mil pesos. «Yo no fui, fue mi hermano», fue la confesión inicial que activó culpas y castigos.
Saber de Marrero avivó la confianza. La estrategia era simple: «lo hacemos salir, entramos, le sacamos la plata, y nos vamos».
La confianza mató al gato, o en este caso, a Marrero. Después de salir con su machete y un farol -un extraño error para un hombre de campo porque un punto de luz supone un objetivo- los jóvenes asestaron el primer golpe.
Ya con el dinero se marcharían. El plan encontró su primera falla: Marrero estaba en la puerta, de vuelta con un luz que alumbró dos caras y descubrió las sombras del robo.
El machete era el arma que muchos creyeron, pero la defensa del hombre ni siquiera hirió a sus próximos victimarios.
El pique ahora caería con fuerza. Una, dos, tres veces hasta ir haciendo descender hasta el piso a Marrero, caído, muerto, con el cráneo ensangrentado, en la puerta de su casa donde había confiado entradas.
El plan falló. Hora de huir y dejar el pique, ese palo que los ladrones habían manoteado por las dudas que a veces por tales, se precipitan. Llevarse el dinero y continuar la cadena de errores que se disparó cuando el dueño de casa descubrió el inicio de su muerte fue lo siguiente.
Marrero no era un desconocido y quienes lo frecuentaban tampoco. Los vecinos dieron datos a la policía.
Los investigadores no iban a descansar. Trazaron cinco líneas de trabajo. Una empezó a dar resultado. Gastar el dinero es error común. Alguien fue a cambiar moneda en dólares. Y alguien la vio. Luego las compras, no muy ostentosas, pero compras de esas de plata mal habida.
Los agentes no demoraron los allanamientos. Uno, dos, tres…siete detenidos. Tres mujeres, el resto hombres, entre ellos, el adolescente, a quien su hermano, ya había inculpado, y con quien éste sería recíproco.
La culpabilidad, el dinero, la confesión. El juez dictaminó. Lo que empezó como un plan sencillo se complicó allá en Picada Martínez, con la luz de un farol, que ahora se apagó para siempre.
Una vez más la policía de Florida muestra su efectividad. Hace mucho tiempo es sin duda la mejor policía del país y de las más «sanas». Lo viví por dentro; super-profesional.
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