El ilustrador floridense Guillermo Hansz y el guionista Rodolfo Santullo presentaron el jueves en el Centro Cultural Bolívar “El Club de los Ilustres”, proyecto seleccionado por Fondo Concursable para la Cultura del MEC. Habrá presentación también en Florida, el miércoles 5 de setiembre a la hora 20 en el Centro Cultural.
Por Emilio Martínez Muracciole
Cuando algo agrada, puede quedar gusto a poco. Uno quisiera que, cuando de páginas se trata, llegasen más y más; que al apoyar el pulgar sobre el corte delantero para avanzar, mágicamente aparezcan nuevas carillas, como –aseguraba Borges- sucedía con su Libro de la Arena.
A “El Club de los Ilustres” lo disfruté desde mi desconocimiento universal y en particular sobre esta arena que, parece, a los propios entendidos se les hace difícil definir; “ficción histórica ilustrada”, propondría. Desconozco entonces si fue gracias a ese desconocimiento o a que la obra es espectacular, que las páginas me resultaron pocas y entretenidas; que me quedé esperando seguir avanzando, pidiendo que se autogeneraran más y más.
Claro. Sin más porqués seduce y mucho saber a un regordete Aparicio Saravia, un desbarbado Horacio Quiroga, un ucronizado José Pedro Varela y una beligerante y astuta Delmira Agostini miembros de una “Liga Extraordinaria” local, ambientada en el mismo 1899 de la más afamada e internacional. La historia obliga a que la mayoría de los personajes estén en arenas muy diferentes a las que se destacaron, pero aún así conservan sus señas particulares y hasta incorporan algunas torpezas sin dejar de ser reconocibles.
En la costumbre de leer prólogos como epílogos, bien se puede suscribir a Richard Danta en cuanto a que se trata de “una lectura exigente y sencilla a la vez”; en que consigue la verosimilitud de “lo descabellado”, desde una “mirada irreverente a algunas de las figuras” notorias del país de fines del siglo XIX y/o comienzos del XX (eso de que “hicieron el país” que indica el prologuista puede merecer otros apuntes innecesarios ahora).
Para enfrentarse a “El Club de los Ilustres” vale la pena evitar bombardearse el disfrute armándose de las eventuales imposibilidades de las alianzas, desde las más básicamente refutables a las más discutibles, según cada interpretación. Es necesario despojarse de mucho background, sin llegar a ceder hasta la indignidad. Entre tanto elemento descabellado, las interpretaciones históricas deben ser improcedentes.
Temo querer invitar a hacerse de la obra desnudando demasiados elementos de la misma, así que por lo pronto me limito a festejar que, aunque no tenga la magia de la autogeneración de nuevas páginas como el Libro de la Arena, El Club de los Ilustres tiene confirmada su continuidad al haber sido seleccionado este mismo dúo con este mismo título por los fondos concursables 2012 del MEC.
Mientras, cabe hacerle caso a Danta en cuanto a que “el arte de Hansz da expresión visual y ritmo a las palabras de Santullo, demostrando una facilidad para el detalle no evidente que motiva repetidas lecturas, sabiendo que cada una de ellas nos recompensará”. En síntesis: se puede disfrutar de nuevo, y de diferentes modos. Felizmente no es como el Libro de la Arena, en el que las páginas que se pasan no se vuelven a encontrar jamás.