800px-Vargas_Losa_Göteborg_Book_Fair_2011bEl escritor opinó en una columna en el diario El País de Madrid titulada «El ejemplo uruguayo», y según el premio Nóbel de Literatura, Mario Vargas Llosa, felicita al gobierno uruguayo por lo que califica de «las dos reformas liberales más radicales tomadas por el gobierno de José Mujica en 2013»: el matrimonoio igualitario y la legalización y regulación de la venta de marihuana.

Mujica entre Francisco y Messi

«La libertad tiene sus riesgos y quienes creen en ella deben estar dispuestos a correrlos en todos los dominios, no sólo en el cultural, el religioso y el político. Así lo ha entendido el gobierno uruguayo y hay que aplaudirlo por ello. Ojalá otros aprendan la lección y sigan su ejemplo», apunta.

Una de las conclusiones de su «aplauso»  es que el «experimento uruguayo» de la marihuana sería más exitoso si se comprendiera en un acuerdo internacional del que participaran los países producotres y consumidores.

Aún más, el reconocido escritor peruano anticipa que la medida puede funcionar y señala que «va a golpear a los traficantes y por lo tanto a la delincuencia derivada del consumo ilegal y demostrará a la larga que la legalización no aumenta notoriamente el consumo sino en un primer momento, aunque luego, desaparecido el tabú que suele prestigiar a la droga ante los jóvenes, tienda a reducirlo».

De todas formas lanza una advertencia y es que le ley se acompañe de campañas de educación y rehabilitación sobre los adictos.

El matrimonio igualitario se lleva el otro aplauso.  Vargas Llosa marca la ley que lo habilita en nuestro país como una medida que «tiende a combatir un prejuicio estúpido y a reparar una injusticia por la que millones de personas han padecido una discriminación sistemática», señala citando ejemplo de otros países donde se condena.

Por último, hace una reflexión general de ambas medidas repasando el pasado y presente de la política uruguaya y la sapiensa de Mujica.

«Es extraordinario que ambas medidas, inspiradas en la cultura de la libertad, hayan sido adoptadas por el gobierno de un movimiento que en su origen no creía en la democracia sino en la revolución marxista leninista y el modelo cubano de autoritarismo vertical y de partido único. Desde que subió al poder, el presidente José Mujica, que en su juventud fue guerrillero tupamaro, asaltó bancos y pasó muchos años en la cárcel, donde fue torturado durante la dictadura militar, ha respetado escrupulosamente las instituciones democráticas —la libertad de prensa, la independencia de poderes, la coexistencia de partidos políticos y las elecciones libres— así como la economía de mercado, la propiedad privada y alentado la inversión extranjera. Esta política del anciano y simpático estadista que habla con una sinceridad insólita en un gobernante, aunque ello le signifique meter la pata de cuando en cuando, vive muy modestamente en su pequeña chacra de las afueras de Montevideo y viaja siempre en segunda clase en sus viajes oficiales, ha dado a Uruguay una imagen de país estable, moderno, libre y seguro, lo que le ha permitido crecer económicamente y avanzar en la justicia social al mismo tiempo que extendía los beneficios de la libertad en todos los campos, venciendo las presiones de una minoría recalcitrante de la alianza», dice el escritor.