Uruguay sufrió una dura derrota ante Estados Unidos: 5-1 en un amistoso que dejó más preguntas que certezas. Fue una noche para el olvido y para reflexionar sobre la dirección del proyecto de Marcelo Bielsa.
Desde el arranque, el equipo uruguayo pareció desconectado. No logró imponer su juego ni controlar el mediocampo, y las incursiones norteamericanas se transformaron rápido en peligro constante. A los 17 minutos llegó el primero, obra de Sebastián Berhalter, y marcó el tono de lo que sería una jornada complicada para la Celeste.
Estados Unidos no se conformó: apenas unos minutos después, Alex Freeman marcó dos veces (20’ y 31’), aprovechando espacios y errores de marca de Uruguay. La defensa celeste mostró fragilidad, mientras que Bielsa veía cómo su equipo se desdibujaba. El cuarto gol estadounidense llegó antes del descanso por intermedio de Diego Luna (42’), sellando una primera mitad para el olvido.
En medio del vendaval local, Uruguay logró un destello de orgullo justo antes del entretiempo: Giorgian de Arrascaeta anotó (45+1’) tras una buena jugada individual, acercando algo de alivio para el técnico argentino y sus dirigidos. Pero fue un espejismo.
En el segundo tiempo, Uruguay intentó recomponerse, pero sin brillo ni organización clara. La estructura que Bielsa busca construir se mostró quebrada, y los cambios no bastaron para frenar el vendaval estadounidense. A los 68 minutos, Tanner Tessmann puso el quinto gol para completar la goleada.
Fue una caída estrepitosa para la Celeste, que deberá levantarse rápido. Más allá de que era un amistoso —y que Bielsa lo puede considerar parte de un proceso—, el golpe es fuerte: el equipo que dirige el argentino necesita recuperar identidad, solidez y reacción. La derrota no solo quiebra el ánimo; expone las fisuras de una selección que anhela brillar de cara al futuro.
Uruguay perdió, sí. Pero quizás lo más contundente es que jugó poco a lo Bielsa.