Correa atacado con gases lacrimogenos
El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, denunció hoy un intento de golpe de Estado en su país, tras la protesta desatada por miles de miembros de la Policía Nacional que se han amotinado por la aprobación de una ley que, aseguran, les quita beneficios. Algunos soldados se han sumado a la protesta y han tomado la pista del aeropuerto de Quito, sede también de la base aérea militar más importante del país.

«Es un intento del golpe de Estado de la oposición», ha asegurado Correa. «Me siento traicionado, no por todos, pero habrá que depurar». «Hago un llamado a la ciudadanía a la calma… superemos rápidamente esto y sancionemos a los responsables», ha dicho Correa en declaraciones a un canal de televisión ecuatoriano horas después de haberse enfrentado a los policías en la sede del Regimiento 1 de Quito. El mandatario ha denunciado que, a esta hora, se encuentra rodeado por policías amotinados en el hospital militar donde recibe tratamiento tras hacerse daño en una pierna recién operada, y por aspirar gases lacrimógenos. Ha agregado que los manifestantes le impiden salir.

El ministro de Exteriores, Ricardo Patiño, ha llamado a los cientos de partidarios de Correa congregados para dar su apoyo fuera del Palacio de Gobierno de Carandolet, en el centro de Quito, que acudan al hospital a rescatar al presidente.

El Gobierno ha declarado poco después el estado de excepción en el país durante una semana y anunciado que el Ejército tomará en sus manos la seguridad del país.

Miembros de la Policía Nacional, en diversos puntos del país, han tomado cuarteles y calles principales, según informa la prensa ecuatoriana. Exigen la restitución de varios beneficios, entre ellos un bono de la policía, los años previstos de ascensos, y las condecoraciones, eliminados con una nueva Ley de Servicios Públicos aprobada anoche. Como método de protesta, los policías dijeron que no saldrán a las calles a hacer su trabajo hasta lograr un acuerdo con el Gobierno ecuatoriano. De hecho, los únicos policías en funciones son los que resguardan las cárceles del país.

Imágenes de televisión han mostrado a los policías en uniforme de tropa, quemando neumáticos en varios sitios de Quito. Los uniformados han dicho que no cederán en su protesta. El jefe militar de Ecuador ha asegurado que la cúpula de las Fuerzas Armadas sigue siendo leal a Correa.

Todos los vuelos desde y hacia ese aeropuerto han sido suspendidos. La agencia Reuters informa de saqueos en Quito y Guayaquil, mientras que las escuelas han suspendido las clases y los trabajadores han sido enviados a sus casas. Hay suspensión del servicio de transporte en algunas partes de la capital.

Algunos medios de comunicación ecuatorianos informan de que en las manifestaciones participan unos 4.000 policías, a los que se han sumado algunos militares que se han amotinado. La ausencia de seguridad ha propiciado el asalto de dos bancos en Guayaquil, en la costa ecuatoriana, informan las televisiones locales.

«Mátenme si les da la gana»

El presidente Correa se ha dirigido más temprano, junto el ministro del Interior, Gustavo Jalkh, a decenas de policías de tropa en el Regimiento 1 en Quito y desde una ventana de una oficina del edificio ha intentado dialogar con los manifestantes, quienes le abuchearon y lanzaron objetos y gases lacrimógenos.

«No daré ni un paso atrás, si quieren tomarse los cuarteles, si quieren dejar a la ciudadanía indefensa y si quieren traicionar su misión de policías, traiciónenlos», ha exclamado Correa en un encendido discurso. «Señores, si quieren matar al presidente, aquí está: mátenme si les da la gana, mátenme si tienen valor, en vez de estar en la muchedumbre, cobardemente escondidos», ha dicho Correa visiblemente exaltado rasgándose la camisa al asegurar que su Gobierno seguirá «con una sola política de justicia, dignidad».

«Si quieren destruir la patria, destrúyanla, pero este presidente no da ni un paso atrás, ¡viva la patria!», ha finalizado Correa. Los policías le han lanzado gases lacrimógenos al mandatario, quien ha tenido que retirarse rápidamente de la ventana desde la que hablaba. Correa ha sido operado recientemente de su rodilla derecha, que se ha vuelto a lastimar al salir de prisa del regimiento.

Las protestas se producen en momentos en que el presidente Correa considera disolver el Congreso ante el estancamiento que existe en la aprobación de varias leyes de reducción de gastos estatales. Incluso varios parlamentarios de su partido se oponen a estas leyes. Correa estaría considerando la disolución, lo que le permitiría legislar por decreto y convocar elecciones anticipadas.

El ministro coordinador de Seguridad Interna y Externa de Ecuador, Miguel Carvajal, ha reconocido hoy que su país está ante una situación «delicada» y frente a un proceso de «desestabilización del Gobierno y la democracia». Los Gobiernos latinoamericanos y España han mostrado su apoyo al Gobierno de Correa y esperan que la situación se solucione de forma pacífica.

Otra vez turbulencias

Ecuador tiene una larga historia reciente de golpes de Estado y turbulencias. Desde 1997 hasta 2007 ha habido ocho presidentes en Ecuador. «Lo triste es que aparentemente habíamos superado ese ritmo cíclico de golpes de Estado y alzamientos», afirma Rubén Dario Buitrón, editor del diario El Comercio al que la situación en las calles de Ecuador le recuerda «a los peores momentos de 2000, cuando el golpe que acabó con el poder de Jamil Mahuad».

Añade que los acontecimientos de hoy señalan «un punto de inflexión en la supuesta idílica relación que mantenía Correa con el pueblo»

«Es la primera vez en sus años de gobierno que la población se le levanta a un presidente que tiene una gran popularidad», agrega Buitrón, quien ve que la salida al conflicto es que la Asamblea se reúna y derogue la ley, aunque, a su juicio, no cree que Correa vaya a dar marcha atrás en su decisión.

En base a Agencias y El País de Madrid