OPINIÓN¦CHILCAS Y CHINGOLAS

Por Alexis Trucido

14 niños de Chilcas y Chingolas pasaron frío este invierno. El frío venía de las paredes, de la lluvia, del piso de ladrillos, de las gotitas de condensación que el zinc dejaba caer sobre los bancos y los tibios pequeños que se vienen oponiendo a la desgracia desde hace tiempo. 
Esos niños tenían ojos perdidos entre la niebla y la ceniza. Lo que perdieron, más que su escuela, era su casa. Lo vi. No me lo contó nadie.
Chilcas tiene unas pocas casitas y un aburrimiento atroz. Sí, atroz. Porque en nuestro «stress» nos encantaría estar unos días, un mes tal vez, pero vivir allí es otra cosa.
Imagínense niños. Hasta el dolor de muelas debe esperar. La policlínica no es tal. El médico cae a veces. A lo sumo cinco al año. A lo sumo.
Si la cuestión es grave, hay que llamar un taxi. Esperar que venga. Esperar. Y esperar. Y luego entre 80 y 200 pesos el viaje hasta el lugar más cerquita.
Cincuenta pesos duelen en chilcas. Las fuentes de trabajo no son ni contadas. Son efímeras, zafrales, de temporada.
Sin escuela no hay mundo en Chilcas. No hay cable. No hay conectividad. Hay apenas luz. Y tuvo que incendiarse la escuela para que pusieran esa luz. Ese foco que en verano me dejaría jugar hasta la noche. Una verdadera noche. Una noche de tres o cuatro cuadras que empieza negra enseguida después del foco.
Imagínese niño. Un día de lluvia sin escuela. Yo, niño, amaba ir a la escuela en día de lluvia. En casa me aburría. Y no vivía en Chilcas.
Imagínese niño entre la helada blanca del campo amplio. Y una estufa a gas, de tres paneles, para 14 y la maestra. El invierno de tres, cuatro y hasta cinco días sin sol también estuvo en Chilcas.
Hasta los santos que miraban a los niños estudiar deben haber tiritado en algún momento en la capilla de San Pedro Apostol.
«Este pueblo está acostumbrado a morirse», me dijo un hombre-niño de 70 años en Chilcas.
Sí, un hombre-niño porque parecía que aún no había podido ser ese niño, por ser hombre ante el rigor primero en Chilcas.
Imagínese una trotada a caballo como el juego del día. Imagínese alfajor merienda niño de Chilcas, donde el pan fresco llega una vez por semana, a no ser casero. La verdura fresca otro día por semana. Imagínese niño sin almacén. Ni de regalo una moneda tendría sentido.
La primera vez que llegué a Chilcas fue porque me perdí. El camino se me empezó a achicar. La ruta se volvió arena, la arena pasto, el pasto trillo y luego apareció una casa, dos, Chilcas.
Ahora, tal vez, ensucie el relato. ¿Sabrá Guido Antonini Wilson de todo esto?
Sinceramente, no creo.

(*) Sobre cuestionamientos que han surgido porque la empresa que proveerá de materiales prefabricados para la construcción de la escuela es una a las que estuvo vinculado Guido Antonini Wilson, el venezolano que pretendió ingresar a Argentina con US$ 800.000 en un maletín, sin declararlo en la Aduana.
Vale aclarar, que la referencia a la empresa «Umissa» llegó en una resolución del Codicen.

N.deR. Tal vez haya peores situaciones, historias aún más complejas y desasstres peores. Lo siento, yo viví esta.  Y aprecié como la burocracia, la dejadez, y el no saber que a la gente que se le promete se le debe cumplir, me generaron bastante rabia.