El desempeño de la celeste fue el acontecimiento más significativo del 2010.
Puede gustar o no, se puede coincidir o no pero para nosotros el desempeño de la selección celeste en el Mundial de Sudádrica fue el acontecimiento más significativo para la sociedad uruguaya en el 2010.
Entendemos que la trascendencia, el simbolismo y la pasión con la que el pueblo uruguayo tomo cada partido de la celeste superaron todo tipo de barreras, sean religiosas, políticas, económicas, de razas o generacionales. Decimos esto justamente en un año en el que, por ejemplo, hubo cambio de gobierno y se eligió como presidente a un viejo guerrillero.
La actuación de la selección del maestro Tabarez movió los cimientos de nuestro país. Removió un viejo sentimiento que parecia perdido y que en definitiva estaba escondido, sacó a luz el estar orgulloso de ser uruguayo. ¿Cuanto hacía que no festejabamos gracias exclusivamente a nuestras virtudes? ¿Desde hace cuanto escuchamos o decimos una y otra vez «somos un desastre, aquí nadie hace nada o uruguayo tenía que ser «.
A partir de junio las banderas uruguayas y las camisetas celestes se adueñaron de nuestras casas, calles o plazas. A partir de junio empezamos a cantar el himno con la mano en el pecho, todos parados frente al televisor. A partir de junio se olvidaron muchas de las diferencias que a diario nos separan para unirnos y reunirnos detrás de un solo color «el celeste».
De pronto comenzamos a tener héroes orientales que opacaron a todos aquellos que a diario nos venden los mensajeros del consumismo. Diego comenzó a ser nuestro Diego, nuestras manos fueron de a ratos las manos de Muslera y sino, las de Suárez, trancamos con la valentía del capitán Lugano o con el alma del Ruso Pérez y enronquecimos con la demencia del «Loco» Abreu».
Esos héores junto a muchos otros unieron a uruguayos de todas las edades, que festejaron hasta las derrotas, porque se enorgullecieron del alma, el corazón y como decimos nosotros «la garra» que pusieron en cada partido.
El saldo más importante y fundamental es para nosotros la identificación que los niños y jóvenes lograron con nuestra camiseta y con nuestra bandera, porque muchos de ellos o quizás todos, nunca habían vivido algo de ésta magnitud.
Muchos pueden decir «este hombre esta equivocado» y sin dudas que pueden tener razón pero para nosotros que somos fánaticos futboleros y que vimos la reacción de la gente casi que con asombro fue un momento apoteósico, un momento único, inolvidable.
La celeste «nos puso a mil» como dicen los jóvenes, nos trasladó hacia la alegría, hacia el orgullo, nos hizo volver a creer en la valentía, la hidalguía y el corazón del hombre.
Porque como dijo un periodista brasileño ¡¡salud, Caballeros de camiseta celeste.!!