OPINIÓN¦ Por Alexis Trucido

Los conductores radiales, televisivos y quienes realizamos el ejercicio de la comunicación así como los lectores y oyentes, asistimos hacia el show del todo.

No importa el tema, el lugar, el concepto profundo o general. Es inmediato. El rumbo hacia el show se instala y todos, directa o indirectamente lo seguimos.

Son los referentes políticos sus principales protagonistas; son los conductores «los Tinelli» de Florida y somos los periodistas los «movileros» de exteriores que cubren tan solo respuestas.

No hay más acciones que la simil «carta documento» que se utiliza en la Argentina, a la denuncia pública mediatizada que tenemos cada día en Florida.

Ediles, diputados, y actores de turno del gobierno del color que usted elija, más conocidos por sus dichos que por sus obras, conforman un cúmulo de respuestas agraviantes que hacen al relleno de la «información» que gana adeptos de a montones y suman el comentario para agregarle leña a un fuego virtual.

Y quiero creer, que no se estará cayendo en el hecho de que no importa tanto lo que se dice como la forma, ya que el único objetivo sea llamar la atención, y esto, conciente o no.

El hecho, una vez más, queda en el dime y el direte, y no en una respuesta física, palpable o capaz de ser comprobada sobre lo que debió arreglarse y no se hizo.

Somos cómplices de este nuevo rumbo hacía el show pues, siguiéndole aún como espectador lo sostenemos como entretenimiento, y sin reclamar que se pase a lo concreto, catapultamos una campaña de más inacción, mayor palabrería.

El tiempo ya no se pierde trabajando, se pierde discutiendo. Claro que debe estar la discusión sobre la mesa, pero no sobre qué, quién o quiénes, sino sobre dónde, cuándo, cuánto y cómo.

A ejemplo, tuve que leer bastante, escuchar y observa para armar este artículo. Y me encontré con varias sorpresas.

La primera y motivo fueron palabras de un edil. Javier Fernández lo dijo claramente al conductor Sergio Cortalezzi del programa Exitorama Siglo XXI de CW33: “Ojalá su programa fuera Showmatchs y nos llenamos de plata todos”.

“A veces los medios de prensa son mucho más efectivos y mucho más fuertes”, siguió Fernández al aclarar que antes de salir a cualquier medio plantea en el gobierno los problemas del pueblo.

Fernández acierta. Hay fortaleza y efectividad en los medios, pero la única forma de que así sea, es trabajando porque el medio cumple con su rol. No tiene opciones, debe cumplir porque es la única forma de justificar su tarea. En el acierto o en el error, sí, pero no puede, por ejemplo un diario, publicar páginas en blanco.

Esta semana en un artículo sobre esta nueva modalidad del show, ya instalado en España, El País de Madrid decía: “a caballo de artificiosas e interminables polémicas, este sensacionalismo tiende a extenderse como una mancha de aceite que pringa todo lo que alcanza”.

Y lo reitero. El show atiende todo. Son los espacios de campamentos hoy, pero puede ser cualquier tema mañana. Y siempre en la superficie.

El camping de 25 de Agosto tiene problemas pero funciona, y no se percibe que allí se ejerce libremente el trabajo infantil en todas sus expresiones. De esto, nada. Ninguna acción.

El predio histórico quedó en discusión, pero aún allí no se ha hecho nada y unos jóvenes que propusieron hacer algo con dinero y poco plazo, terminarán perdiendo tiempo y plata. Tampoco se sabe que pasó con todo lo dicho al respecto sobre el concurso.

La situación de las policlínicas pareció una discusión organizada vía papeles. Mientras hubo pacientes que dejaron de ir a la policlínica, que fueron al hospital, que no encontraron a su médico de policlínica, y que se fueron para su casa.

Los reintegros de gastos sirvieron para todo, menos para dejar de ser cobrados y, ni siquiera tener en cuenta que quienes no querían el dinero por su función, lo podrían haber volcado a decenas de instituciones que sí lo necesitan, por ejemplo una policlínica.

El asentamiento se convirtió en discusión de administraciones, permisos, papeles, locales y nacionales, terrenos, organismos, métodos y plazos, pero todos

olvidan que los niños que están allí, nada saben de este show y volverán a pasar frío otro invierno entre chapa, cartón y barro.

Creo, no precisamos más ejemplos. Podemos seguir con el show pero, también, podemos dedicarnos a trabajar detrás de bambalinas para que el espectáculo tenga otro sabor, aunque sabemos que el show debe continuar, ¿o no?

Foto: Jim Carrey en «The Truman show», donde descubre que todo es ficticio y generado en un entorno para funcionar de una manera cíclica casi infinita para engañar los sentidos del personaje principal.