campo
Un camino rural en el interior de Florida. Foto: archivo FD.

Asalariados rurales de Florida encerrados en establecimientos con porteras trancadas, falta de agua potable y desalojos concretados sin que se hayan cumplido los plazos establecidos por ley, son algunos de los ítems que incluyen las denuncias realizadas por la Unión Nacional de Trabajadores Rurales y Afines (UNATRA) sin que “ningún diputado o senador se involucre”. Esto “llama la atención” de la UNATRA, tanto como la escasa difusión de esta realidad por parte de la mayoría de los medios de comunicación, y en especial de los del departamento. “Sigue siendo un tema tabú”, comentó a FloridAdiariO la dirigente María Flores.

Los casos del norte de Florida

A través del matutino la diaria la UNATRA denunció la situación de dos asalariados rurales que se encuentran “encerrados” en la estancia Las Merceditas, ubicada sobre la ruta 45, cerca de Sarandí Grande. “María Flores explicó a la diaria que el capataz dejó a los trabajadores dentro del establecimiento y “cerró la portera con candado” para que “no entre ni salga nadie”. Se trata de una estancia ganadera y los dos asalariados están a cargo de unos 3.000 animales entre vacunos y ovinos. Flores agregó que como no hay agua potable, “están tomando agua de una cachimba” que deben hervir antes de consumir. Uno de los trabajadores, que tiene problemas de salud, “se enfermó” y por esta razón durante su último descanso mensual llegó hasta la localidad de Puntas de Maciel y decidió denunciar allí la situación ante el sindicato. Flores agregó que los asalariados “no están registrados” y que pidieron “una visita” de la Inspección General de Trabajo al establecimiento para constatar las irregularidades”. El mismo día de publicada la nota, el martes 8, la Inspección General de Trabajo llegó al lugar y confirmó lo denunciado, intimando al propietario a cumplir con la normativa laboral vigente.

Flores también hizo referencia al desalojo de un trabajador en Goñi, que había sido despedido días antes y que a través de la fuerza policial, “tratado como un delincuente”, fue retirado del establecimiento sin que se cumplan los plazos ni las condiciones que establece el Estatuto del Trabajador Rural. Incluso no se le facilitó locomoción, sino que tuvo que afrontarla él, contrariamente a lo que establece la norma.

La permanencia de los antiguos modelos de poder económico del patrón que influye en efectivos policiales, y el avasallamiento de los derechos de los asalariados, son dos elementos con los que se conviven cotidianamente, dijo Flores a FloridAdiariO. “Sigue siendo un tema tabú. Se mira para el costado, y nadie se involucra; ningún diputado ni senador de Florida se involucra”, indicó Flores, apuntando que algo muy similar ocurre con la mayoría de los medios de comunicación, especialmente los del propio departamento, que prácticamente no le dan cabida a esta realidad.

 

“Que no vengan a poner leyes”

La UNATRA subraya que entre los productores se pasan los nombres de quienes están sindicalizados, máxime de quienes han realizado reclamos por malas liquidaciones tras asesorarse, conformando así, ipso facto, “listas negras” de asalariados.

La oposición a admitir la existencia de determinada normativa, dijo, ha sido una constante; tanto acerca de condiciones de trabajo como beneficios sociales, como de el derecho a sindicalizarse. A mediados de diciembre, también a través de la diaria, tomó estado público el despido del capataz de la estancia La Tortuga, ubicada en la localidad de Pueblo del Barro, en el departamento de Tacuarembó. “El 2 de diciembre participó en una reunión con asalariados de otros establecimientos ganaderos para intentar conformar un sindicato de base, en el marco de la Unión Nacional de Trabajadores Rurales y Afines (Unatra), que integra el PIT-CNT. Un día después fue despedido. El dueño de la estancia admitió que no quería sindicatos en su campo y rechazó cualquier intento de que le “vengan a poner leyes en la estancia”. El trabajador finalmente fue reintegrado, previas instancias en el Ministerio de Trabajo a las que acudido su empleador. En la primera de éstas tuvieron que decirle que estaba frente al capataz de su establecimiento, el que desde hacía meses trabajaba a diario en su propiedad y para él, ya que lo conocía pero por teléfono.