Alejandro Vidart, vecino de Mendoza Chico, resumió el sentir colectivo de una comunidad que avanza, aunque sea de a poco, pero con paso firme, según dijo al participar de nuevas obras en el lugar.

“Hoy me toca hablar como habitante de acá, de Mendoza Chico”, comenzó diciendo con humildad, parado frente a la nueva luminaria y a la flamante obra de caminería interna que completó la etapa pendiente desde Grumén hacia el corazón del pequeño pueblo. «Una mejora largamente esperada, y que hoy es realidad».

«Quiero resaltar la importancia de esta continuidad”, apuntó Alejandro, recordando que la primera etapa ya había significado un cambio importante para quienes caminan o circulan a diario por la zona. «Pero quedaba pendiente este último tramo, esa obra que durante años fue reclamo y anhelo».

Vidart agradeció a la Intendencia, al intendente Guillermo López y a su equipo. Pero no se quedó ahí. En un tono sereno pero firme, dejó claro algo esencial: los vecinos no se conforman.

“Vamos a seguir pidiendo, vamos a seguir levantando el teléfono, haciendo notas”, dijo, como quien sabe que la participación ciudadana no termina con una inauguración, sino que se fortalece con cada paso dado.

La nueva iluminación es más que una mejora técnica: es seguridad, es inclusión, es dignidad para quienes transitan esas calles al caer el sol. Y, sobre todo, es la prueba de que cuando el Estado escucha, las cosas pasan.

Desde el molino hasta el último poste de luz encendido, Mendoza Chico hoy brilla un poco más. «No por un acto, no por una foto, sino por la constancia de sus vecinos y el compromiso de una gestión que supo atenderlos», destacó posteriormente el intendente Guillermo López.