En un juego casi coreográfico, el exembajador y actual candidato Carlos Enciso salía del local de votación justo cuando ingresaba el diputado del MPP Carlos Rodríguez. MIRÁ EL VIDEO

El encuentro fue breve, apenas un saludo y un pulgar arriba. Un gesto que podría leerse como cortesía democrática, pero también como ironía contenida. Enciso, sonriente, recibió un «suerte» que sonó más a fórmula que a deseo genuino. Rodríguez, sin rodeos, lo dejó claro ante los micrófonos:
—Se desea suerte, sí, pero esta vez no la queremos para Carlos.

Una broma, sí, pero con filo. Porque en Florida, donde las elecciones alguna vez se decidían por puñados de votos, cada guiño tiene peso. Este domingo no fue la excepción. Se respiraba esa tensión de los viejos tiempos, de cuando la competencia era palmo a palmo, de cuando la política todavía se disputaba en las veredas y los ojos decían más que las palabras.

La jornada, sin embargo, transcurrió sin sobresaltos. “Como debe ser”, remarcaron desde todos los sectores. Álvaro Rodríguez, legislador nacionalista, no esquivó el análisis más profundo:
—Ha sido una campaña crispada, a veces agresiva. Lo importante es recordar que al otro día tenemos que estar todos juntos. Se gobierna para todos, no para la mitad.

Una reflexión que apunta a la raíz de la política: las diferencias pueden ser firmes, pero no deben ser enemistades. Y aunque los «suerte» sean dichos por costumbre, en Florida todos saben que hasta eso se lee entre líneas.