Nacional y Peñarol en un fin de semana para el olvido. Los bolsos fueron vapuleados por Cerro por goleada de 4 a 1, mientras que el aurinegro fue ampliamente superado por un rápido River que aprovechó impresiciones y horrores del aurinegro que apenas descontó un 2 a 1.
Pablo Pallante, Pablo Caballero (2) y Omar Pérez, y un Cerro que solo llevaba dos goles en el torneo vapuleó a Nacional en 4-1 arrasador.
Nacional volvió a la crisis. Los tricolores volvieron a jugar muy mal, mientras que el albiceleste defendió muy bien y aprovechó a la perfección sus momentos en el partido.
Los albicelestes comenzaron mejor el partido y a los 2´ ya se habían puesto en ventaja merced a un impecable tiro libre de Pablo Pallante quien, con un impecable zurdazo desde el vértice derecho del área grande, la colgó en el ángulo de Rodrigo Muñoz.
La falta se originó por una inoportuna infracción del lateral argentino Mariano Pernía al endiablado «Piojo» Sergio Pérez.
El tanto del local obligó a Nacional a salir a buscar el partido. Los tricolores comenzaron a frecuentar las bandas. Matías Mirabaje-finalmente ingresó por Diego Chaves como titular-, por izquierda, se mostraba bastante activo. Es más, un tiro libre desde la derecha bien ejecutado por el mismo «13» albo obligó a Matías Rolero a enviar el balón al corner (12´).
Un minuto después, y tras el saque de esquina, sobrevino la jugada más polémica de esa primera mitad. Luego de que Mirabaje y Sebastián Coates lo intentaran en primera instancia, Raúl Ferro remató de frente al arco y la pelota impactó en uno de los brazos de Darío Ferreira, quien posteriormente despejó el peligro.
Jorge Larrionda hizo la seña de que percibió la mano, pero no juzgó intencionalidad. La sensación que quedó fue que había sido penal.
Ese par de jugadas de riesgo presagiaron una reacción tricolor. Sin embargo, nada de eso ocurrió y, promediando la primera mitad, Nacional no le encontraba la vuelta al partido. Ni Horacio Peralta, ni Mauricio Pereyra ni Mirabaje le daban la cuota de fútbol y claridad que el equipo necesitaba. Aunque también hay que recalcar que la fuerte presión y la férrea marca cerrense-dos líneas de cuatro bien plantadas-le complicaba aún más la vida al bolso.
¿Nacional? Poco, muy poco. Perdido, sin generar fútbol, sin casi rematar al arco adversario…
Cerro, a la contra y gracias a la velocidad del «Piojo» Pérez, la compañía de Bosco Frontán y la buena conducción de Omar Pérez, le causaba más de un dolor de cabeza a la retaguardia alba.
Nacional, ofuscado, impreciso y en base a impulsos anímicos, se fue arriba. Fue así que llegó al descuento a los 75´ mediante un cabezazo del ingresado Matías Cabrera tras un preciso centro desde la derecha de Núñez.
Una leve arremetida de Nacional fue abortada a los 84´, cuando Rolero le detuvo un penal (a media altura y a la izquierda) a Martín Cauteruccio.
Sobre el final, Caballero (90´) culminó magistralmente una contra llevada adelante por Frontán y confirmó la categórica e histórica goleada cerrense.
¿Y PEÑAROL?. La mentira insostenible del aurinegro llegó a su fin. Ante un River Plate que no se quedó en amagues como Bella Vista o Cerro, no le alcanzó con el ir entusiasta y desordenado para ganar, como en aquellos partidos con que llegó a la cima, de la que hoy puede caer.
Mientras, River no confundió velocidad con apuro y jugó rápido y con paciencia. Se puso en ventaja cuando Puppo descalabró a la defensa con un enganche en el que la pelota le dio en el brazo y definió cruzado, ante la salida de Sosa. Y la estiró cuando Peñarol pedía el entretiempo para acomodarse y llegó un córner de Rizotto -a él le dio el gol el árbitro- desde la izquierda, que Albín desvió en el primer palo y Sosa no llegó a sacar en el segundo.
River hizo en los primeros 45 minutos eso que a muchos «chicos» que van al estadio les cuesta: reflejar en el marcador la superioridad que manifestó en la cancha.
Solari, quien igualmente perdió el crédito que la hinchada le dio, por trayectoria, a su llegada.
River no se desesperó, pero tampoco asestó el golpe final. La segura línea de tres del primer tiempo se transformó con frecuencia en una de cinco para controlar los desordenados embates aurinegros y así no pasó zozobras, más allá del penal y de una hinchada que contagió entusiasmo, pero no puede darle el fútbol que el equipo necesita.