Un reducido pero esforzado grupo de padres junto a la directora interina del Jardin No. 117 reacondicionaron patio y juegos de la institución educativa.

La actividad de realizó este sábado durante varias horas en donde se lijaron, pulieron y barnizaron bancos.

Se repararon, pintaron y reacondicionaron los juegos. Se hizo una completa limpieza y corte de césped, acondicionamiento de plantas y riego, así como reparaciones de tejidos perimetrales.

“Esto es un sueño a medias”, dijo uno de los padres que envió una carta a propósito de la jornada.

“He dicho y sentido durante toda mi vida que quien no es capaz de soñar y pierde la capacidad de aprender está muerto.

Esta historia tiene que ver con un grupo de padres y familiares de alumnos del Jardín Nº 117, que un día soñaron juntos poder mejorar el lugar donde sus pequeños pasan mucho más tiempo que en sus propias casas.

Una vez que el sueño fue convertido en proyecto, dijeron pero esto es muy caro,

$ 30.000 pesos no tenemos, entonces como pedir para otros es más fácil, vislumbraron la idea de hacer la solicitud a algún estamento del gobierno, y así lo hicieron pero luego de idas y venidas, la autoridad respondió negativamente.

Con el sueño frustrado, se reunieron y dijeron está bien no podremos poner nuevos jueguitos, pero a esto hay que cambiarle la cara, y convocaron a una jornada de trabajo voluntario a la que concurrieron la Directora interina y los padres que pudieron, los demás se la perdieron, como bien dijo uno de los participantes.

Lo real, es que al cabo de una jornada de trabajo mancomunado, cuando el sol dejaba su lugar en el firmamento a la luna, pudieron observar con satisfacción como el espacio verde de fondo de la escuelita quedó convertido en algo parecido a un cancha de golf, y los pocos jueguitos que hay, parecen nuevos ya que fueron totalmente pintados.

Esto es una demostración palmaria de que razón tenía el prócer Gral. José Gervasio Artigas, cuando dijo” nada debemos esperar que no sea de nosotros mismos”.

Porque es claro que la fuerza reside al interior de cada uno, y cuando esa fuerza se vuelve conciencia y se hace colectiva, se vuelve poder, poder que hace que los pueblos marchen victoriosos hacia el derrotero que se marcan.

Poder que hace que tiemblen los que creen que lo tienen, por eso aunque estos padres con su esfuerzo hayan podido concretar su sueño a medias, ellos ahora saben que nada, ni nadie les puede conculcar el derecho a soñar y menos a hacer realidad sus sueños”.