Morir por un rayo: la historia de un joven en Florida


Por Alexis Trucido
Anubis Pérez, la madre de Marcelo, sostiene la foto de su hijo fallecido por ser alcanzado por un rayo. Foto: Alexis Trucido/ FD.
Anubis Pérez, la madre de Marcelo, sostiene la foto de su hijo fallecido alcanzado por un rayo. Foto: Alexis Trucido/ FD.

Llueve el sábado de agosto de 2002 previo al día del niño. Marcelo Golfarini, pese al consejo de su madre insiste. «Yo quiero ir y comprarle un regalo». El joven de 28 años va hasta el monte junto al río Santa Lucía Chico en la zona conocida como La Mercada.

Un carro de leña salvará el domingo y la sonrisa de su hija Natalí, de sólo 6 años entonces.

La tormenta eléctrica ya se dibuja en el cielo. «No vayas hijo», repite su madre, Anubis, que dice tener un mal presentimiento.

Fernando Carballo, tiene hoy 48 años. Ese día fue llamado por Marcelo. «En esa época nos llevaban presos por ir a sacar leña. Me habían llevado el día anterior. Yo no quería ir por eso y el me preguntó si le tenía miedo a la policía. Le dije que no y fuimos. La tormenta era machaza», recuerda.

Caballos, hombres y carro se internaron en el monte. «Yo me puse a cargar en el carro. Él estaba con la motosierra. Se puso a cortar un palo y fue todo uno».

Fernando fue despedido a dos metros desde el carro. Los caballos salieron corriendo. Cuando el hombre se levantó su compañero seguía en el suelo.

«Estaba prendido fuego. Yo no podía creer con la lluvia que caía. Estaba con los brazos arriba y agarrando la motosierra. Lo apagué y le empecé a hacer respiración boca a boca; en realidad no sabía ni lo que hacer», relata Carballo ahora emocionado.

Sus intentos fueron vanos. El potente rayo había fulminado a Marcelo en forma instantánea.

«Entonces descargué el carro y lo eché arriba. Despertate, despertate, le dije pero cuando iba a la mitad de camino me puse a pensar que estaba muerto».

Un auto pasó y Fernando pidió ayuda. «Después me quisieron traer, pero me vine sólo, con el carro. Querían que fuera al hospital pero lleno de barro me daba vergüenza.

Me bañé, me tome dos vinos, y les dije: ‘traje al Tato muerto’ y me puse a llorar.

Anubis Pérez tiene hoy 63 años. «El que quiere pescado que se moje», fue lo último que me dijo aquel día.

La madre de siete hijos aún recuerda como su miedo creció y se hizo realidad aquella tarde.

«Escuche caer varios rayos. A las siete y media vi que no venía y me dije: ‘que horrible que no viene, algo le debe haber pasado’. Cuando termino de pensarlo suena el teléfono avisándome que mi hijo estaba muerto.

El rayo lo dejó seco. Todavía me acuerdo cuando le decía que yo tenía pronta una muñeca de peluche para la nena, pero Marcelo quería que el regalo saliera de él».

«Cuando hay una tormenta siento terror», dice ahora Anubis. A mis hijos si puedo no los dejo salir. Al menos le recuerdo esto aunque se que son grandes.

La madre del hijo muerto por un rayo recomienda que, al menos si salen, no lleven nada en la mano. «Algo en la mano atrae. Más vale que dejen cualquier mandado para otro día».

Además, según Fernando, no son cosas para ver. «Yo no lo quiero ver nunca más», concluyó a FloridAdiariO.

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