Un aval sin avales y un artículo al que quieren ejecutar, mas nunca un empresario a juzgar. Una investigación sobre matrículas que no explotó como esperaban; y un episodio para el olvido.

Emilio Martínez Muracciole

Fernando Lorenzo (archivo de presidencia.gub.uy)
Fernando Lorenzo (archivo de presidencia.gub.uy)

EL TANGO DE LOS AVIONES. Un ministro le pide al presidente del banco estatal que le otorgue un aval a una empresa de la que, en los hechos, seguramente ninguno de los dos ha escuchado hablar antes. No hay más motivos para hacerlo que la excusa de que la empresa lo necesita para comprar aviones que, por tabla, eran del Estado. Se trata de un aval que, por lo visto, por la vía normal, la que corresponde, esa empresa no podía conseguirlo porque no cumplía con los requisitos. En todo caso sí podía haberlo conseguido un empresario que logró que el ministro gestionara ese aval para una compañía aérea, pero ésta –según parece- no era suya. Puede llegar a negarse que el ministro y el director del banco hayan tenido interés en beneficiarse económicamente gestionando el aval. Incluso parece que ese tema está fuera de discusión. ¿Pero puede negarse acaso que hubo abuso de los poderes que les otorgan sus respectivas funciones? Puede afirmarse que el artículo por el que se los quiere procesar es demasiado amplio y difuso, de acuerdo a lo que explican los entendidos en materia de Derecho. ¿Pero puede ser eliminado un artículo al que, mal o bien, fiscales y jueces han tenido que echar mano cuando en diferentes investigaciones se han encontrado con notorios abusos de funciones? Más que eliminar, entonces, modificar.
La otra punta. Preguntemos a dos, a tres, a diez, a cien, quién está detrás del negocio. La respuesta será la misma. Como dijo un colega, es un empresario aprovechándose de actores de gobierno que quisieron mostrar que jugaban cartas de alta negociación empresarial, pero sin tener en cuenta que lo hacían con sujetos bastante más hábiles que ellos. De esos que hacen asados debajo del agua. Hasta pueden hacer asados dentro de los juzgados, y salir airosos.
En el cierre de un seminario de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, en 2005, el periodista argentino Daniel Santoro compartió una reflexión que, se me ocurre, se aplica a éste y otros episodios. “Es hora de que los periodistas hagamos una autocrítica. Y aceptemos que nos equivocamos cuando presentamos nuestras investigaciones de corrupción como si fuera únicamente responsabilidad de los políticos y funcionarios. La corrupción es como el tango, se baila de a dos y muy juntitos. ¿Cambiaron en Argentina y Brasil los empresarios que en los setenta sobornaron a funcionarios menemistas o de Collor de Melo para ganar obras públicas o quedarse con empresas del Estado? La respuesta es no. Es nuestro deber poner la lupa sobre las dos partes y reclamar reglas de juego claras y transparentes para los negocios (…)”.

OAA NO ALCANZÓ PARA EL ¡OH!! Supe de un colega que, cuando andaba en búsqueda de un dato a mediados de noviembre, se encontró con la ‘novedad’ que le susurró un dirigente frenteamplista: los floridenses estábamos en vísperas de ver la luz de los resultados de una investigación que nos dejaría perplejos. Así que cuando supe que finalmente ese día llegaría, el de ver la luz, fui imperioso a la sede del Frente Amplio, a ver de qué se trataba. Salí decepcionado. Y no porque la denuncia no aporte nada nuevo, que lo aporta, sino porque más bien era el inicio de una investigación. Rodríguez Gálvez tiene experiencia sobrada en investigaciones, y sabe de la cautela y de las seguridades que ellas necesitan, por lo que me llamó la atención. Se supo, como se suponía desde antes, que la administración departamental de Florida había abierto una trinchera para una nueva guerra de las patentes. Autos que se venden y que circulan en otros lares tienen su matrícula comenzada en la letra ‘O’, cuando no tendría que ser así. La Intendencia, en los hechos, lo admite, y el Congreso de Intendentes casi que lo condena, pero a medias.
Bajando sensiblemente  las patentes antes de la unificación, Florida había engordado su rodeo de vehículos matriculados en el departamento. Lo consiguió seduciendo a contribuyentes de otras latitudes, lo que empresarialmente puede sonar genial, pero sólo empresarialmente y en términos de los valores de un sistema que se maneja por esos patrones, el de salvarse individualmente el comprador, y el de salvarse individualmente el vendedor. Y si los dos se salvan, sienten que se benefició el colectivo, aunque sean sólo ellos dos. Los tributos, las tasas y demás, no son artículos de la góndola de un supermercado, en los que aplicamos la ecuación precio-calidad; no deberían serlo, pero en la lógica de mercado, el ciudadano se maneja también así con ellos.

Y después de engordar su rodeo, Florida, con la patente ya unificada, encontró la manera de seguir seduciendo. El caso es que la denuncia, parece, no tenía puntas claras como para ser presentada aún: ¿Uno o varios particulares están lucrando con esto? ¿La comuna lo/s está beneficiando directa o indirectamente por acercar vehículos para empadronar? Sin algunas respuestas claves, y en medio de algunas corrientes que se vanagloriaban de tener a Marcelo Tinelli entre los contribuyentes floridenses (y no hablo sólo del edil que se mostró orgulloso de la matrícula O en el Kawasaki arenero), es complicado que una bomba así tenga el efecto esperado.

Auto con matrícula OAA en avenida del Municipio Antolín del Campo, Nueva Esparta, venezuela.
Auto con matrícula OAA en avenida del Municipio Antolín del Campo, Nueva Esparta, venezuela.

Mientras tanto, me quedo con esta imagen captada

camino a Paraguachí, en Antolín del Campo (Nueva Esparta, Venezuela) en julio de este año que hoy se termina.
¿No se nos habrá ido un poco la mano, Pájaro?

NO DA. La ocupación del diario El Heraldo fue uno de los hechos del año en Florida. Quiso la suerte, o los gajes del oficio, que esa cobertura encontrara a FloridAdiariO demostrando que las acusaciones hechas por el director del medio el día de la ocupación no se ajustaban a lo que en realidad había ocurrido. No hubiese sido mucho más que eso, pero trabajar sobre ése y otros aspectos que al dueño de El Heraldo le parecían inconvenientes, nos valió que nos acusara (él) de “hacer campaña”, lo que dijo en un desagradable episodio que le hizo vivir al director de FloridAdiariO. Da para un ensayo sobre lo que es ‘hacer campaña’ desde un medio; qué es ‘propaganda’; qué actitudes o hechos concretos atentan contra la libertad de expresión y tres mil ítems más. Pero no da. FloridAdiariO no sólo cubrió el hecho, sino también sus derivaciones. Implicó ello buscar y difundir la voz del propio Riva, además de la de los trabajadores. Pero no se quedó allí. También aportó elementos periodísticos, que no necesariamente surgían desde las partes. No aplicamos censura alguna (la que sí sufrió Riva en otros lares por esos días; hecho que condenamos), ni optamos por hacer desaparecer el tema de la ocupación de la agenda un par de días después, para ‘no tocar espinas’ (como también ocurrió); ni desatendimos cuestiones básicas como por ejemplo ver de dónde llegaba información, con qué fines, y si se podía estar utilizando a FloridAdiariO como canal de salida.

En concreto. Daría para un ensayo, pero no. ‘No da’. Sobre todo porque, en este momento, no alimenta a nada productivo. De hecho ni queríamos hacer mención al episodio, pero en definitiva tampoco se pueden aceptar como corrientes algunas escenas sobre las que preferimos no ahondar demasiado.

En todo caso cabe esperar un pedido de disculpas.