Violenta rapiña dejó a un hombre herido en 25 de Agosto


Juan C.P.L. había entrado a su casa hacia poco rato. Se bañó y se sentó tranquilo. Escuchó “alguna moto de las que pasan haciendo cualquier cosa” pero no prestó mayor atención.

“Eran las ocho más o menos. Ya había comido. Había ido a bañarme. No escuché nada”, contó.

Después, sin mediar palabra, aparecieron dos hombres, “flacos, medios débiles” pero que le empujaron aunque intentó hacer un poco de fuerza en la puerta, que estaba abierta.

No pudo y terminó en el piso. Revolver en mano le golpearon en la cabeza. Le hicieron un corte profundo en la frente, de unos tres centímetros. Otros golpes fuertes en el lado derecho y una mandíbula que aún está hinchada.

“Me apretaron. Me sacaron la plata que tenía y me ataron. Me pegaron con el revolver y me ponían el pie (en el cuello) y el otro revisaba”.

Luego las manos. Fuertes, hasta que la cuerda lastimó. Y después las piernas. Con el pantalón que Juan llevaba en una de sus manos para cambiarse.

“Me afirmaron la puerta, encapuchado, con el revolver en la mano y le tiré algunas trompadas porque los vi medio debilongos”.

La acción fue rápida. Escuchaba que revolvían, tiraban, sacaban. Encontraron $10.000 pesos. No hablaban. Solo escuchó un “dale Juan, dale” y nada más.

No pudo identificar ni recuerda mucho por los golpes y el shock del momento.

“Se pelaron y le decía al otro apaga la luz, apaga la luz. Tenían pasamontaña. Eran jóvenes”.

Su nieta, Paola, recordó que no fue la primera vez que lo robaron. Sobrevivió a uno “mucho más grande”.

Es que en el año 2016 al tambero, ahora jubilado, le llevaron sus ahorros que entonces tenía en su casa: dos millones de pesos y unos 25.000 dólares.

“Ahí lo habían armado. Lo cuidaron en una feria. Se lo llevaron. Dejaron un auto acá y después lo robaron”, contó.

Los familiares tienen sospechas, pero no conjeturan nombres. Es que “la zona se puso muy brava. Se han instalado, se mueven, tienen contactos y andan en la vuelta”.

“Al hijo lo han robado también y ya ni viene. Se queda en el tambo para que no lo roben”, contó otro familiar que prefirió no identificarse.

La Policía este caso junto a otros hechos que han ocurrido en la zona. “La zona se ha puesto bravísima. Cambió muchísimo”, recordó Juan que vive en la calle Rodríguez desde hace 73 años, su vida por cual también teme. “Y ahora espero la muerte, es la verdad”, concluyó.

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