Cada 22 de septiembre, Uruguay se viste de gratitud para homenajear a quienes con paciencia, vocación y entrega han marcado generaciones enteras: los maestros y las maestras. La fecha, única en el calendario nacional, rinde tributo a los educadores, figuras esenciales en la construcción de la cultura y el futuro de la sociedad.

Mientras que la UNESCO sugiere a nivel internacional otra jornada para recordar a los docentes, en nuestro país se decidió otorgar un día especial a quienes, con tiza y cuadernos, transforman la vida de los niños y jóvenes. Porque detrás de cada letra bien aprendida, de cada cálculo resuelto y de cada valor transmitido, hay un maestro o maestra que dejó huella.

En cada rincón del país, desde las pequeñas escuelas rurales hasta los liceos más populosos, este 22 de septiembre es una oportunidad para recordar que la educación no solo transmite conocimientos, sino también sueños, esperanzas y caminos posibles.

El Día del Maestro y la Maestra es, entonces, una jornada de reconocimiento, pero también de reflexión: agradecer a esos educadores que, con compromiso silencioso, siembran las semillas del mañana en cada aula uruguaya.

Porque, como suele decirse, nadie olvida al maestro que le enseñó a leer ni a la maestra que creyó en él cuando más lo necesitaba.