Mató a Miguel Barboza, un reconocido y buen vecino de la localidad ubicada a unos 40 kilómetros de La Paloma (Durazno), en la costa de Río Negro.

Un hombre mayor de edad fue formalizado por la Justicia por la autoría del homicidio cometido en el paraje Cuchilla de Ramírez, según confirmó el Ministerio del Interior.

El hecho ocurrió el pasado 2 de abril en el paraje Cuchilla de Ramírez, localidad de la Paloma, en Durazno, donde un hombre de 71 años fue encontrado sin vida, con “múltiples heridas de arma blanca”, según reza el informe médico.

El personal de la seccional 7ma de ese departamento detuvo –a pocos metros del lugar del hecho- a un hombre 57 años, el que tenía evidencias de ser el autor de homicidio, siendo puesto inmediatamente a disposición de la Justicia.

En las últimas horas, la magistrada actuante dispuso su condena como autor responsable de un delito de homicidio a título de dolo eventual, a la pena de 5 años y 6 meses de penitenciaria.

El asesinato de Miguel Barboza conmocionó a la pequeña comunidad de Cuchilla Ramírez. El propietario del establecimiento “Puerto de las Rejas”, tenía una buena relación con sus vecinos, y le destacaban por su amabilidad y don de gente, siendo generoso en múltiples oportunidades.

Barbosa y su familia extendieron su generosidad en más de una oportunidad auxiliando a familias que vivían en precarias condiciones en la zona, ayudando a tramitar una que otra jubilación a pescadores del lugar, y colaborando en la pequeña comunidad.

En cada Turismo, Miguel, siempre con una sonrisa, recibía a ocasionales barras de pesca que concurren al lugar para disfrutar de privilegiadas costas en esa zona.

Una de ellas, particularmente de Florida, le recordó tras conocer su muerte a horas de haberle despedido hasta el año próximo:

“Unos pocos minutos alcanzaron para saber que Miguel Barbosa era una buena persona.
Un grupo de perfectos desconocidos, pero amigos entre sí, en barra de pesca, y sin mayor interés que un lugar en una costa perfecta como la de Río Negro, golpeó una vez el Puerto de las Rejas.
Miguel, con una gran sonrisa, abrió las puertas de par en par. Pero estábamos lejos de conocer su bondad. La confianza, eso que tanto cuesta en estos tiempos, fue lo que Miguel y su familia dieron a este grupo.

No solamente para recibirnos de gran manera a la hora que fuese, sino para darnos una bienvenida como si su casa fuera la nuestra. Más aún, en preocuparse por buscar un lugar entre el paraíso de su tierra, abierta para todos.
Pero Miguel no solo acompañaba en las buenas. Allí, entre el barro y la lluvia, donde a veces se necesita una mano extendida, estaba Miguel. No solo por nosotros. Sino, como nos enteramos después, con muchos de sus vecinos. Alguna vez intercambiamos favores, entre barro y carne, pero estamos lejos de retribuir agradecimientos.
Hace unas horas, luego de devolver la llave de su campo, esa que nos daba sin más que decirnos que pasáramos bien, Miguel nos habló de su vida y la realidad que hoy nos rodea a todos.
Se emocionó porque pudo pisar la arena de la costa seca del río, y lamentó que esa sequía hoy lo afectara a él y a otras familias de la zona, por las cuales también estaba en sus preocupaciones ayudarles de alguna manera.
Miguel lamentó la poca pesca para nosotros. ¡Miguel no admitía que hubiésemos tenido algún mal momento! Y ya estaba en sus preocupaciones que volviéramos el año que viene, y aunque con otros planes para el lugar, diciéndonos que tendríamos siempre un espacio de privilegio para nada merecido.
“La cosa está brava”, dijo Miguel. Y nos mostró que su mejor defensa era su perrita fiel, Pelusa, que ladraría en algún caso.
Ni siquiera imaginamos que algo sucediera. Y Miguel, el hombre bueno que conocimos, terminó dando la vida por su bondad.
Injustamente, la paz que transmitió siempre, se le hizo esquiva al final.
Nos quedaremos con tu sonrisa, Miguel. Nos quedaremos con tu deseo sincero. Con tu don de buena gente, siempre. Y con el aprendizaje que le diste a un grupo de personas acerca de lo que realmente es ser buena gente.
Gracias, Miguel Barbosa, por permitirnos conocerte. A vos y a tu hermosa familia. Y ahora sí, descansa, mirando desde lo alto de tu querida Cuchilla Ramírez, la costa donde el agua que moje la arena, serán tus pies caminando en paz y para siempre”.

Barra de pesca “Turismo, Turismo”, Florida.

 

Anuncios