“Mía o de nadie”: un femicidio que deja sin madre y padre a tres hijas


“El Canario” Wilson Alfredo H.S. dio cuatro macetazos y tres puñaladas a quien alguna vez “le tuvo que licuar hasta la comida” para que se repusiera de un grave accidente de tránsito. “Así lo quería ella y le daba lástima”, consignó un testimonio FloridAdiariO.

Mientras una multitud enardecida que había convocado a concurrir hasta con “antorchas” al Juzgado, Alfredo manifestó su voluntad de quererse morir.

Yo ya no existo; que me tiren para las manifestantes así me voy con ella”, dijo Alfredo H. al periodista de El País, Eduardo Barreneche, quien participó en la audiencia por la muerte de Adriana Teresita Fontes Luzardo, la mujer de 49 años y madre de tres hijas jóvenes.

“Asesino, asesino. Femicida, femicida. Te vamos a linchar”, era algunas de las frases que llegaban desde la calle. Era tal el grito, que la fiscal penal y especializada en estos casos, Dra. Gabriela Rusiñol, salió a hablar con las manifestantes.

No hubo mucha calma. Y hubo que hacer algunos ajustes dentro del edificio del juzgado para llevar la audiencia con “normalidad”.

Después, incluso, la Policía tuvo que ensayar un rápido operativo para sacarlo en medio de la tensión. Se fue en un auto, ya sin gente.

SIN ARREPENTIMIENTO, SIN QUERER VIVIR

A sus 53 años Alfredo H. contó a algunos allegados que pensó en quitarse la vida. Después, la defensa a cargo de la Dra. Victoria Muraña, lo ratificó en la audiencia.

Además, hubo algunas actitudes “extrañas”. Después de matarla le tapó con una frazada, guardó el pesado martillo maceta y también el cuchillo. También, antes de ir a confesarse ante la Seccional 7ma. de Florida, se cambió de ropa y guardó la otra en el ropero, doblada.

Esto motivó el pedido de pericia psiquiátrica.

El hombre no se arrepintió más que por sus padres. “Están medios solo. Son gente muy mayor. Ahora vaya a saber”, dijo Eduardo, un vecino de La Macana, la localidad ubicada a 9 kilómetros al este de la ciudad de Florida que ayer sufrió un sacudón.

Ante la fiscal penal Gabriela Rusiñol, el imputado dejó en claro su intención respecto a su ex pareja muerta: “Ella es mía o de nadie”, contó, según la fiscal que “él tenía la intención de retomar y que no hubiese otra persona”.

Javier Fontes, el primo de Adriana, dijo que él “no era una persona recomendable para ella, pero lo quería mucho. Y el amor es ciego y creo que le daba lástima, por eso retiró la denuncia y pasó lo que pasó”.

“El Canario se ocupaba de caballos de carreras y del trago también. Tenía un horno de ladrillos pero él hacía negocios truchos.

A veces se daba una buena vida pero a veces muy mala. Todo joda, fiesta, y si podía garronear algo lo hacía con propósito. Somos criados juntos. Estuvo un buen pasar de a ratos”.

Pero también tuvo un grave accidente que lo dejó “con un problema bárbaro”. Tanto, que su mujer “le tenía que licuar la comida para que se recuperara”.

“Yo no puedo creer que pasó. Volvió a tomar y perdió el equilibrio”, agrega Javier, desconsolado y lamentándose por las hijas, otra vez.

PREMEDITÓ, ESPERÓ, MATÓ

En la audiencia, y desde que bajó el móvil del GRT, Alfredo H. se mostró casi vacío. Tenía la ropa que raramente se había cambiado sin razón aparente. Una gorra de lana le cubría la cabeza.

A cargo de la jueza Dra. Victoria Abraham al hombre le costaba comprender. Después empezó la exposición de los hechos.

Alfredo H. Había engañado a su ex mujer diciéndole que no estaba en la casa. Dijo que estaba en un trabajo en Paso Severino (la represa de agua de OSE) y que los perros “hacía dos días que no comían”.

No se sabrá si Adriana sospechó. Pero si que antes de llegar se cercioró de que no estuviera. “Él andaba en un auto, pero lo dejó en otra casa, frente a la escuela”, supo FloridAdiariO.

En la vivienda de Mevir, a unos 800 metros, parecía que no había nadie. A una vecina también se le preguntó, pero dijo que no había notado que hubiese alguien. Alfredo fue sigiloso.

Desde la separación, una maestra traía a Adriana que cumplía con su tarea de cocinar en la escuela.

La dejó en la puerta de la casa. No sospechó nada.

El hombre esperaba. Estaba bajo de la cama de una de sus hijas, el mismo lugar donde después guardaría una de las armas, bajó el colchón.

Adriana subió a la silla. Aprovecharía su viaje para sacar algunas cosas. Pero Alfredo fue por detrás y le acertó cuatro macetazos en varias partes del cráneo. No conforme, le asestó tres puñaladas, todas del lado izquierdo, una en el tórax, otra a la altura del riñón y otra más abajo.

Después, el cambio de actitud. Lavó sus manos, tapó el cuerpo, se cambió de ropa, fue la comisaría y confesó sin más.

Rusiñol dijo que claramente configuró el femicidio. Y que había elementos graves. Solicitó la prisión preventiva de 180 días para el acusado mientras se espera el juicio.

Aunque Rusiñol lo marcó, la defensa rechazó el riesgo de fuga, recordó que todo acusado tiene derecho a esperar el juicio en libertad, que se entregó y que era una persona que manifestó su intención de quitarse la vida.

“La defensa no se opuso a la formalización pero si se opuso a la medida cautelar de prisión preventiva porque entendía que no se fundamentaba la medida en base a los alegatos de fiscalía”, indicó.

Allí, solicitó la pericia psiquiátrica entre otros elementos, por las acciones después de dar muerte y por su manifestación.

Finalmente, la Dra, Victoria Abraham, hizo el lugar al pedido de fiscalía y estableció los 180 días de prisión preventiva.

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