¡Detened vuestro ajetreo cotidiano y prestad lectura a Juvenal!

Juvenal mezcla lágrimas de dolor con lágrimas de rabia.

Que la muerte de hace dos años, en el Prado, causada por jóvenes que parecen posesos, no haya servido ni para que se hiciera mínimamente algo útil por parte de los adultos investidos en cargos de responsabilidad, en el antro en que hemos convertido a nuestro querido parque de la Piedra Alta, demuestra que han bajado los brazos definitivamente.

Pero no solamente demuestra la administración Enciso una inoperancia y una incapacidad inconmensurables, rayanas en lo increíble; también la pajarera demuestra, de cara al sol y sin esconderse, que se cree impune, a salvo de cualquier juicio crítico por parte de una población aletargada por el clientelismo. Ayer, uno de estos “responsables irresponsables” pretendió explicar, ante la complacencia asquerosa de quien le entrevistaba, “que es imposible detener a los jóvenes que montan motos”. Inconcebible confesión de inutilidad, por parte de un policía de carrera.

El primer período de la administración Enciso fue deplorable. Pero este segundo culmina rayano en lo ridículamente doloroso.

Pero lo que estamos viviendo en Florida no es sólo doloroso, también es indignante. Anoche, cuando la tumba de la muchachita acababa de cerrarse, en el escenario de su muerte la IDF festejaba vaya a saber qué, cumbiamba a todo volumen, bajo luces bailanteras y coloridas. Todo el festejo de duelo, valga la contradicción, sobre la Piedra Alta, el supuesto Altar de la Patria custodiado por el “heroico” Batallón de Ingenieros de Combate Nro. 2.

Juvenal ora por la recuperación de la otra chiquilina que iba en la moto. Ni por hacer una vigilia respetuosa de esa recuperación tan ansiada, se suspendió la cumbiamba en la trampa asquerosa en que todos los habitantes de Florida hemos convertido al otrora hermoso Prado de la Piedra Alta.

No hicieron silencio las cumbias, ni dejaron de saborearse las tortas fritas que venden los clientes de la administración Enciso entre banderas uruguayas y floridenses envueltas en humos de grasa.

La máquina, impertérrita.

Sólo excusas inaceptables en las ondas acólitas.

Cada cual duerme con la conciencia que tiene. Shhhh…