Hay delincuentes que logran borrar sus huellas. Y después está el caso de un joven floridense de 28 años que, según la investigación policial y fiscal, fue dejando rastros por toda la ciudad hasta terminar acumulando cuatro hurtos, una estafa y una condena.
En varios de los hechos investigados, las cámaras de seguridad registraron cada uno de sus movimientos. En otros, fue visto por vecinos. En alguno, incluso, dejó parte de su ropa en la escena del delito. Y para completar el combo, terminó reconociendo buena parte de los hechos ante la Policía.
Uno de los episodios ocurrió en un comercio de Ituzaingó. Durante la madrugada, las cámaras captaron a un hombre intentando forzar accesos, trepando rejas y llevándose cajas del interior del local. Horas antes, personal policial ya lo había documentado caminando por la ciudad con la misma vestimenta que luego aparecería en las imágenes del hurto.
Pero la situación alcanzó niveles aún más particulares en otro robo ocurrido en una vivienda de calle Faustino López. Allí, además de llevarse herramientas, equipos electrónicos, ropa y otros objetos valuados en unos 40 mil pesos, el autor habría olvidado un pantalón deportivo en el lugar. El detalle llamó la atención de los investigadores porque poco antes efectivos policiales habían identificado al sospechoso usando una prenda con características similares.
Como si eso fuera poco, vecinos de la zona declararon haberlo visto merodeando la casa antes del robo. Uno de ellos incluso relató que el hombre le preguntó si había gente en la vivienda porque pretendía ingresar. La respuesta fue clara: no quería verse involucrado. El consejo tampoco surtió efecto.
La lista siguió con un hurto dentro de un vehículo estacionado en la vía pública. Nuevamente aparecieron las cámaras. Nuevamente apareció el mismo protagonista. Y nuevamente quedó registrado el recorrido completo antes y después del hecho.
La saga delictiva también incluyó un golpe a una farmacia local. Allí, junto a otro individuo ya formalizado anteriormente, ingresó tras romper una ventana y se llevó perfumes y otros artículos. El recorrido posterior también quedó filmado y permitió recuperar parte del botín.
La frutilla de la torta llegó con una estafa cometida utilizando una tarjeta bancaria extraviada. Según la investigación, el ahora condenado realizó varias compras en un comercio de la ciudad. Las cámaras registraron una escena casi cotidiana: el cliente pasaba la tarjeta, no alcanzaba el saldo, retiraba algunos productos y volvía a intentar la compra hasta lograr que la operación fuera aprobada.
Con semejante cantidad de registros, testimonios y evidencias, la investigación avanzó rápidamente. Finalmente, en el marco de un proceso abreviado, el acusado admitió los hechos y aceptó una condena de 18 meses de prisión efectiva.