Si no nos detenemos, habrá que elegir a quién salvar


Publicado el 16 de marzo de 2020

Medidas drásticas y una “cuarentena” implacable no deberían demorar antes de entrar en la siguiente fase.

Si pensamos en la población en riesgo, madres, padres, abuelas, tías y tíos, o amigos nuestros con padecimientos crónicos, ya deberíamos tomar otras medidas.

Empecemos por la letalidad. Para que esté bien claro: nuestros mayores tienen el riesgo de morir.

Cuanto más demoremos en detenernos, en hacer una pausa, más aumenta ese riesgo.

Nuestro país demoró un poco. Debimos hacer caso, por lo menos, a Juan Sartori, aunque después hizo algún acto. Pero tal vez su experiencia en aeropuertos seguramente le hizo dimensionar sobre la magnitud del problema. Un gran problema, reitero, para quienes pueden morir.

Con buenas medidas por lo menos desde entonces -el 9 de marzo- las restricciones hubiesen impedido contagiosos cumpleaños, entre otras cosas.

Pero esperamos. Y se conocieron los primeros casos. Hay muchos más, puesto que así aplica la regla: si conocemos los que se manifiestan, hay otros que no se sabrán hasta que el mismo portador lo exprese por consulta. ¿Por qué? Pues, en Corea del Sur, hicieron chequeos masivos y los detectaron antes.

Así, por ejemplo, frenaron la letalidad. No el virus específicamente, pero sí la cantidad de personas que se puede morir.

Ni bien se conocieron los primeros casos, hubo medidas. Pero han sido en escala. Algunas áreas se restringieron, pero no todas. Algunas. Los centros educativos “de a poco”. Las ferias, casi a pleno. Hubo fiestas y reuniones en algunos lugares.

Algunas oficinas aplican medidas del 50%. Y muchos de los servicios no son los estrictamente necesarios.

Nos cuesta detenernos. Hacer un pausa salvadora para otros. Una que aplaque la parte grave, la muerte.

La medida debería ser drástica. Salir a trabajar y/o comprar lo estrictamente necesario. Y nada más.

Aún cuando no hay clases, las calles siguen llenas de personas que salieron de compras, no las necesarias.

Las ferias y otros lugares de concurrencia no cambiaron demasiado el fin de semana, con alto movimiento de población y ya con casos conocidos -reitero, suelen ser más- y el movimiento del lunes fue “normal”, salvo por las clases. Y no se respetó la distancia social. Tampoco la colectiva, se podría agregar.

Aún no paramos. Aún cuando el ministro de Salud largó la frase que todos sospechábamos: “el virus está circulando”. Y nosotros con él, claro. Ya se anunció una aplicación para mostrar donde están los focos. Esa es una buena idea, también aplicada en algunos países. No debe demorar.

Además de la letalidad, el otro detalle a evitar es no saturar camas para los pacientes graves. En otras palabras: que no haya que tener que elegir entre tu abuelo o tu madre para conectar un respirador y salvarlo. Sí, así de grave si ocurre.

El imaginario colectivo supone que, como siempre nos atienden cuando nos enfermamos, esa situación siempre es posible. Hoy, si el solo 5% de Florida requiriera internación, serían aproximadamente unas 3000 personas. Florida cuenta con 115 camas de internación (50 en Comef y 65 en hospital) y 14 de CTI (6 en Comef y 8 en hospital) con opción de ampliación a 6 más en hospital pero con la clave dependencia del personal especializado disponible.

Para ello, también debemos detenernos. Hay que hacer una pausa. Y todo será más lento para el virus. Y los médicos y el personal de salud -que también se contagiarán- podrán atender mejor a los mayores y enfermos crónicos.

Además, por la época del año en que estamos, es como si estuviéramos a bordo del Titanic: vamos a chocar contra un témpano de las otras enfermedades que se vienen, por las cuales muchos mayores se mueren cada año, sin coronavirus.

Entonces, con todas las precauciones que se puedan tomar, vacunarse. Si la gripe se manifiesta y luego el coronavirus, el paciente estará en alto riesgo. La vacuna puede evitarlo.

Y aún faltan preocupaciones: por el que vive día a día de algún rubro que subsista por el movimiento de la gente, el que no tenga todos los recursos o quien necesite ayuda con sus mayores o crónicos.

Seguir sin detenernos será como saludarse con el codo en el cual tosemos.

¿Hacemos una pausa? ¿Nos detenemos un poco? ¿Qué les parece?

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