Atropellado por un edil: “Estaba solo, en la casa y echando sangre por la boca”


Fernando Camejo, padre de Nicolás, en el lugar del impacto. Detrás, la casa de la abuela. Foto: FD

Fernando Camejo, padre de Nicolás, en el lugar del impacto. Detrás, la casa de la abuela. Foto: FD

La esposa del padre de Nicolás Camejo, relató los penosos hechos que le tocaron vivir al joven de 17 años embestido por el edil Alejandro Bauer (PN): “Media hora más y se moría”, contó Jean Marie Terzieff.

Todavía son inciertas las consecuencias para la vida de Nicolás Camejo. El joven futbolista de 17 años, jugador de la Selección sub-18 de Casupá, tiene por ahora solo un futuro de recuperación antes de volver a alguna cancha.

La noche del martes era una más. Nicolás estaba con sus amigos en el centro de localidad Este. Tenía frío, así que decidió ir por un buzo hasta su casa ubicada a dos kilómetros por un camino vecinal.

“Terminamos de cenar y suena el celular. Un vecino, Carlos Delgado, llamó que este hombre lo había chocado, lo había llevado en la camioneta y lo había dejado en la casa”.

Habían pasado por lo menos dos horas. El edil Bauer lo embistió de frente en la camioneta que pudo volver a manejar hace algunos meses, luego de tener la libreta suspendida por seis meses, tras volcar en estado de ebriedad, según espirometría que indicó la Policía Nacional de Tránsito.

Nicolás no fue embestido por un desconocido. Todo lo contrario. Fernando Camejo, padre de Nicolás, había realizado varios trabajos de electricidad. Jean Marie Terzieff, ingeniera agrónoma reconocida en la zona, le realizó varios proyectos para que Bauer obtuviera varias habilitaciones en su campo, ubicado a su vez, a pocos kilómetros de la casa de Nicolás.

El impacto, además, fue casi enfrente de la casa de la abuela, en el mismo camino, a 20 metros.

Ni Jean Marie, ni Fernando, ni la abuela, ni la Policía, ni el personal de la policlínica de Comef fueron alertados en el momento.

Recién cuando Carlos Delgado, un vecino, puso sobre aviso a los familiares, se comenzaron a conocer los hechos. Pero aún faltaba mucho.

Bauer llevó a Nicolás a la casa. Allí quedó en un sillón, solo, sangrando por las heridas, con un derrame interno que aún faltaba por descubrirse.

“Pasamos por la casa de la abuela. Y nos contó que ella salió, vio un accidente, y allí llamó al padre. Cuando llegamos lo encontramos solo, sangrando por la boca y las heridas. Se había tratado de limpiar la sangre. No sabía quién era, dónde estaba, quiénes éramos ni que le había pasado”, contó Jean Marie.

“Un accidente lo puede tener cualquiera, pero el otro se tiene que hacer responsable. La moto rompió el metal de la camioneta, y ese metal lo abrió. Llegamos y lo vimos en ese estado. Lo cargamos en la camioneta y fuimos a Comef, a la policlínica. Avisamos a la Policía. No lo suturaron porque no les daba el tiempo. El llegó con heridas visibles y en cuestión de minutos le cayó la presión, tenía dificultades para respirar y dijeron que tenía una hemorragia interna”, siguió relatando.

Luego la opción de esperar por la llegada de una unidad especializada o partir a Florida. 72 kilómetros, una hora de espera, otra hora de viaje.

Jean Marie contó que se contactaron con una enfermera para asistir en el viaje directo de la ambulancia. Partieron de inmediato.

A mitad de camino Nicolás tenía taquicardias. Se agravaron sus dificultades para respirar. Y su presión cayó. Estaba frío. “Yo me voy, me muero, estoy frío”, le dijo a Jean Marie. “Lo toqué y estaba helado”.

Al fin llegaron. Un volumen de sangre urgente. Estabilización y sutura de las heridas durante tres horas. 50 puntos en su piel. Heridas profundas de hasta seis centímetros. Una placa. Rotura de bazo. Y otros cuatro volúmenes de sangre.

En los días siguientes más transfusiones. Donantes. Y el pasaje a cuidados intermedios con la esperanza de la recuperación del baso. Luego otra vez a CTI. El bazo colapsó. Hubo una hemorragia masiva. Operación. Otra vez a intermedio.

QUE NO MANEJE NUNCA MÁS…

“Yo no podía creer que estuviera solo. La casa estaba llena de sangre encima de la mesa, del baño. Pensé que se moría en el camino, no pensé que se salvara. Podría haberse evitado. Podría haber ido y decirle a la abuela. No avisó a la policía, no se comunicó, volvió a comprar cigarros y volvió a ver como estaba. Él me lo contó”, dijo sobre los minutos posteriores de las acciones del edil.

Jean Marie está agradecida ahora de la actitud que tomaron después la intendencia y la Junta Departamental de Florida, donde trabaja el edil.

“Yo estoy agradecida. Consiguieron los donantes. Hubo gente que se interesó y vino a hablar con la familia”.

Y es que la familia se indignó en la versión de algunos medios. “Fue indignante, tratamos por todos los medios de decir lo que pasó. Él no cumplió con sus obligaciones como ciudadano, no nos importa que sea edil”. El curul es reincidente. En 2015 la intendenta de Florida, Dra. Macarena Rubio, le firmó la suspensión de su licencia.

Ahora esperan que Bauer no maneje nunca más. “La primera vez no lastimó a nadie. Ahora sí. Que no agarre más un volante. Acá sabíamos. Incluso yo lo llevé un par de veces hasta la casa. Pasaba a pie, se alquilaba un auto, lo traían, sabíamos que no tenía libreta porque había volcado.

Mañana puede matar a alguien, dejarlo en sillas de ruedas. Nicolás pudo perder una pierna. Sino llevaba casco, lo mataba”.

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