Andanzas de un gauchete de los pagos de Casupá y Fray Marcos, muy aparaguayado él.

Este «gaucho» fue muy aplaudido por los políticos blancos que, junto con las autoridades eclesiásticas, estaban trepadas al atrio de la Catedral porque era el día del desfile de los «Patricios del 25». Causó sensación por portar una bandera extranjera. La de Paraguay. Era el momento en que Paraguay era expulsado del Mercosur por estar bajo un gobierno golpista, y porque sus autoridades negaban el ingreso al Mercosur de una Venezuela gobernada, entonces, por autoridades apoyadas por una amplia mayoría de su pueblo.

Este «gaucho», declaradamente nacionalista, fue aplaudido por las autoridades de la GESTIONENCISO y por las católicas. Llamativamente, los curas uruguayos nunca defendieron al Presidente Lugo, cura como ellos. Es que hay curas y curas. Siempre los hubo. Mucha gente lo aplaudió al gauchete porque veía que lo aplaudían «los baquianos». Los caudilletes. Muchos habrán creído que la de Paraguay era la bandera de los Treinta y Tres, o la de Artigas.

Este «gaucho», después, pasó a ser estrella ascendiente del firmamento político vernáculo.

Ved, si no:

Como toda una estrella emboinada en blanco vemos aquí al «gaucho», acompañado por una dirigente encumbrada de la 62. Discurseando en una FM del interior del departamento. El esposo de la encumbrada ya había renunciado de apuro a su encumbrado cargo en la gestionenciso. ¡Vaya misterio la renuncia del «Agrimensor» que no tiene título, como Sendic! Pero esa es otra nostalgia nostalgiosa, de la que ya MyJO se ocupará en el futuro. Ya pondremos esta «cosa en su Sitio». Sigamos con el gaucho Bauer y perdonemos una vez al exitoso vendedor de terrenos y medidor de Sitios.

Este gaucho aparte de ser blanco, hincha de Paraguay, tradicionalista y gran dicharachero, también gusta de levantar el codo y conducir automotores por los rincones cercanos al este del departamento. Tan es así, que se llevó por delante a un muchacho, conduciendo con alcohol en sangre.

He aquí al padre del menor embestido, que fue abandonado a su suerte – por el embriagado gaucho Bauer- en la soledad de su domicilio, con grave hemorragia interna. El señor mostraba el lugar del «accidente» que casi lo dejó sin hijo.

Juvenal sabe en qué va a terminar este asunto de la embestida con aliento alcohólico, porque va al futuro y ve. Pero ustedes, comunes mortales, aún continúan con la intriga. Si es que ya no se olvidaron de todo. Como suele suceder…

En esa época, por aquellos pagos, se pudo observar un cartelito que podría haber costado a su autor flor de lío con las «OVEJAS NEGRAS». Como sí le costó por mucho menos al actual Presidente de la Junta Departamental, don Tato Costita… el que «tuvo que venirse de apuro de Barcelona porque Enciso lo necesitaba».

¿Recuerdan al cartelito de marras? Una preciosidad, la verdad, el citado cartelito. Juvenal lo encuentra congruente con la prédica del Diputado pro Verónica Alonso, Don Dastugue.

…y así vamos culminando la media docena de nostalgias pajareras.

Salud, pueblo custodiado por los beneméritos seguidores del prófugo Ferro, y apajarados por la sin igual #gestionenciso. Juvenal y M€m€ os salutan.