Tránsito asesino, director anodino


Juvenal sobre el tránsito discurre, el tema no lo aburre.

Resulta que no saben qué hacer para desenredar el problemático, desquiciado tránsito de los centros poblados del Departamento.

No se les cae una idea.

La capital departamental, un sábado de mañana, está infestada de motos sin matrícula, y/o sin luces reglamentarias. Se las ve por todos lados, apoyadas en todos los cordones. Pero nadie las ve.

Juvenal vio, desde su voluta que no necesita matrícula, que una vecina se apersonaba a un Inspector de Tránsito.

“Señor, quiero sacar mi auto de mi garage y no puedo porque una moto grandota está estacionada en la bajada de cordón. Es muy pesada, y tiene la dirección trancada. Tengo que irme a trabajar al campo y se me hace tarde. ¿Qué hago?”

¿Ésta es la moto, señora? ¿Me ayuda, señor, a correr esta moto trancada, unos metros más allá?

La moto no tenía matrícula, y la luz delantera colgaba como un cuajo.

El hombre que pasaba ayudó al Inspector a correr el trasto. No fue fácil. Tuvo que aparecer un tercer “guinchador”.

“¡Esa moto es mía! ¡Vieja pajera! ¡¿Qué tenías que ir a denunciarme?! ¡Esta noche vas a ver lo que es bueno!?

¡Brombommbommmbommbommmmmmm!

“Señora, yo que usted, hacía la denuncia, ese “vampiro” se ve peligroso. Disculpe, pero a la moto no nos la pudimos llevar aunque estaba mal estacionada y toda desecha y con escape libre, porque los sábados de mañana no disponemos de camión.”

La mujer, temblando de miedo y rabia, sacó como pudo su auto, y se fue. Juvenal quedó pensando: ¿a su trabajo o a la comisaría?

En Florida no hay servicio de guinchamiento.

En la esquina del Hotel, por Rodó, hay cordón rojo contra la intersección con González. Siempre hay un automóvil o una camioneta estacionados allí. El conductor que baja por González no ve quien viene con preferencia, porque hasta frente al cine obstruye la visión el vehículo mal estacionado. Si choca, la culpa es toda suya.

Florida sigue sin poner algún obstáculo físico para evitar estas situaciones.

En Rodó y Fernández, un carro de chorizos nubla toda visión al transeúnte que va a cruzar en la esquina de la Escuela 1. Pleno centro.

Lo del Prado ya es dantesco.

El Director de Tránsito fue a “llorarle” a Exicastillo, que lo consoló, porque el ex jerarca policial “lo convenció” de que es imposible hacer algo con los que andan matando y matándose sobre dos o una rueda. Esto fue a la mañana siguiente a la muerte de la muchachita, frente al rosedal sin rosas. Todo es inútil, sólo resta aguardar por nueva sangre y nuevas lágrimas.

Brazos caídos. Mente yerta. Mueca indescifrable. Renuncias ausentes. Desvergüenza sin límites.

Ahora, la plana mayor de la IDF declara que va a consultar a una consultora a ver qué puede hacer con la trampa mortal del “altar de la patria”.

Renuncien de una vez, gurises.

¿No se erizan de vergüenza?

Observad la actitud. ¿Pena? ¿Indignación? ¿Qué os inspira?

Juvenal se despide.

Sólo la renuncia lo redime.

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