Entre el recuerdo de Guernica, las plazas de Florida y el admirador de un criminal


SÁTIRA / HUMOR/ OPINIÓN
Por Juvenal

Oh, amado y sufrido pueblo del Altar de la Patria, custodiado por el heroico Batallón: entre sutil y mordaz, os saluda Juvenal.

Dos plazas de planta cuadrada previó el damero del trazado primigenio de vuestra histórica ciudad.

La principal, la Asamblea, marcó el inicio del trillo al Paso de los Dragones, para atravesar el Santa Lucía Chico, rumbo a la “polis oligárquica” de Montevideo, al decir de vuestro augusto Bi Intendente cuasi senaturial. Tal fue el origen de la actual vía appia denominada Alejandro Gallinal. Nombre de un blanco platudo, cuándo no.

La otra, la Artigas, marca el límite del trillo desde la Asamblea a ella, por la parte elevada del terreno.

Ambas plazas supieron ser joyitas de familias en retretas, con banda municipal, entre jardines primorosamente cuidados. Cuando los jóvenes no andaban en motos con escape libre, sin luz y sin matrícula, sino que se paseaban al son de los valses de Strauss de la banda de la Intendencia.

Juvenal puede viajar en el tiempo, y cerciorarse de la veracidad de lo descrito.

Plaza Artigas en reparación.

Porque ambas plazas, en la actualidad, dan pena y vergüenza. Recién ahora parece que allí se hace lo que hay que hacer. Recién en el ocaso de una cada vez más inoperante década pajarera.

Sin embargo, la plazoleta del Árbol de Guernica ha quedado primorosa.

Y primoroso está el mural que reproduce al Guernica de Picasso, en la principal entrada a la polis florida.

¡Qué bien haría a la ciudad que sus dos principales plazas, y el Prado, estuviesen como estos dos recordatorios del crimen de Franco sobre Vascuña!

 

Los vascos blancos de Florida, orgullosos de la placita y el mural de Guernica. Con razón, porque son las excepciones que confirman la regla del mal gusto y la desidia pajarera en los espacios verdes de La Florida.

Pero los vascos blancos de La Florida van tras la candidatura del hijo de quien se ha declarado admirador del criminal del pueblo vasco de Guernica. Porque recordemos que el ex Presidente Luis Alberto Lacalle de Herrera ha sabido decir públicamente de su admiración por el criminal dictador español, Francisco Franco.

¡Vaya contradicción, la de los blancos vascos del Altar de la Patria custodiado por el heroico Batallón!

Quieren reverenciar su origen vasco, y sólo logran ignorar uno de los crímenes más viles y abyectos de que se tenga memoria. Partido “de idea”, que le dicen, el partido herrerista, blanco como güeso de bagual.

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